Excerpt for EL FUEGO Y EL FRÍO Y OTROS POEMAS DE AMOR by , available in its entirety at Smashwords













EL FUEGO Y EL FRÍO Y OTROS POEMAS DE AMOR

Por Jerónimo García Pérez (Jegarpe)

Publicado por Smashwords

2017


Ley de Propiedad Intelectual

Nº de Registro AB-21-2014

Nº de asiento registral 00/2014/1149



TABLA DE CONTENIDO


El Fuego y el Frío

Parte I: Yo te Saludo, Amor

Parte II. Amor


Otros Sonetos de Amor:

Títulos extraídos de otros de mis libros publicados por Smashwords :

Balbuceos

Soledad

Cien Sonetos a Amor

Albacete

Versos de Atardecer

Andar…

Romancero Manchego

Sonetos Impromptu

Rimas Policolores

Los Crepúsculos del Alma

Infinita Voz

Brumas de Irredención

Los Caminos de la Soledad

Trovas Para un Ocaso Presentido













EL FUEGO Y EL FRÍO Y OTROS POEMAS DE AMOR




OBRA POÉTICA

ORIGINAL DE

Jerónimo García Pérez

J E G A R P E













INTRODUCCIÓN



En toda vida humana existe, por lo menos, un romance de amor frustrado, que deja un poso amargo de belleza y melancolía en el alma. En el presente libro expongo mis primeras impresiones amorosas plasmadas en un pequeño poemario que titulé El fuego y el frío(1962-1963). Narro en él mi pequeña y olvidada historia de amor. Pasó, sí, pero afincó con tanta fuerza en mí que durante mucho tiempo fue objeto de innumerables composiciones sentimentales que expuse en este título y otros títulos posteriores.


El breve poemario al que he hecho alusión contiene 42 poemas distribuidos en dos partes. En la primera se pone de manifiesto ese sentimiento llamado amor, tan antiguo como la propia humanidad y que ha evolucionado poco con el tiempo. Es como un escarceo que comienza a surgir, que se abre a la vida espontáneo y veraz, que llena de una inusitada felicidad el alma. Introduje unos cuantos poemas anteriores a 1963, fecha que figura en la iniciación y proceso del citado poemario La segunda parte es el adiós a esa dicha que cautivó el corazón, es el final de la historia.


…Pero el corazón no se calló. Siguió vivo en el recuerdo. Se manifestó en los libros que fui escribiendo posteriormente. He introducido, al final algunas composiciones inspiradas en estos sentimientos para completar el resto del libro presente, con el título de Otros poemas de amor.


Albacete 1 Febrero de 2014


Jerónimo García (Jegarpe)





La vida sin amor, no fuera vida. Matadle y habréis matado la vida misma. El amor es el Sol a cuyo alrededor giran en órbitas constantes los sentimientos del alma. ¡Dichosos aquéllos para quienes el amor es cielo, luz, canción y armonía...!

¡Desventurados los otros para los cuales es vacío, oscuridad, lamento de cisne y lira rota...!


JOSÉ MARÍA PEMÁN.







PARTE I.


¡YO TE SALUDO, AMOR!


MUJER.


Vendré cuando me ansíes, mujer sin luz, sin nombre

como ave nocherniega,

para besar tus labios -y para que me beses-

para beber la vida sobre tus senos blandos

y para que soñemos

-mis ojos en tus ojos, tus ojos en la noche-

que no se mueve el mundo,

que ya no son tangibles las cosas que nos miran...

Y los suspiros breves que exhalen nuestros pechos

serán como cristales

-azules, verdes, malvas-

que, sobre el aire negro, se harán calidoscopios

para que contemplemos las ilusiones nuestras

que siempre estaban lejos cuando las manos ávidas

quisieron alcanzarlas...

Y apretaremos fuerte

el tiempo entre los dedos, hasta exprimirlo dentro,

hasta que se haga viento,

hasta que se haga nada...

Vendré, mujer sin nombre, sin luz, cuando me ansíes,

como ave nocherniega,

para buscar tu abrazo,

y en el silencio denso, tu me dirás: "¡Te quiero!"

Yo te diré: "¡Te quiero!"

Y en el silencio denso no se abrirán los labios

ni sonarán palabras...

Tú me dirás: "¡Te quiero!" Yo te diré: "¡Te quiero!"...

No sonarán palabras,

pero comprenderemos...

Y guardará, celosa, la noche nuestro idilio

en su regazo triste.

Yo iré robando, leve, las fúlgidas estrellas

prendidas en tu pelo,

que se helarán sin brillo cuando las toque, fría,

mi mano sin recuerdos...


Yo elevaré tu velo

y arrancaré la niebla que tienes en tus párpados,

y arrancaré la bruma que tienes en tus labios

ºy haré que se resbale,

sobre tu espalda tersa,

ese cendal de espuma que cubre tu pureza...

Y temblarás de frío.


Mujer sin luz, sin nombre, vendré cuando me ansíes,

como ave nocherniega,

la sangre en mis mejillas,

la sed sobre mi pecho...


Tú me estarás mirando venir sobre la noche

-los brazos en el tronco sin ruidos y sin céfiros,

igual que una hamadríada-

y esperarás mis ósculos

y cerrarás los ojos cuando me beses trémula

y cerraré los ojos cuando te dé mi beso...

Vendré a tenerte toda

y para que me tengas.


¡Oh, Clitia sin Apolo!, ¡oh, Psiquis sin amado!,

cuando te encuentres sola, sin dichas, sin amores,

grítale fuerte al viento

que yo vendré ligero -como ave nocherniega-...


Vendré cuando me ansíes,

mujer sin luz, sin nombre,

desconocida casi, sin formas todavía...


UN DÍA AMANECIÓ.


Un día amaneció...distinto a todos...

distinto a los demás.

El sol me reservaba su más grata

sonrisa celical

El viento del invierno, que soñaba

perfiles al pasar,

traíame perfumes ignorados

que no aprendí jamás.

El llano, como un páramo sin límites,

tornábase a poblar

de insectos y de flores, caprichosos,

como no he visto igual...

Y en las alturas me sonaban músicas

con son angelical...

Sentí que el corazón se me salía

de tanto palpitar

y ardíame la sangre en todo el cuerpo.


Sólo quería hablar:

Hablarle al mundo de la dicha nueva

que me robó la paz

y la tranquila calma de mis horas

llenas de soledad...


Un día amaneció... distinto a todos...

distinto a los demás...

Yo amaba -sin querer saber por qué-.


Yo amaba, sin pensar,

yo amaba aquellas horas sin sentido

que siempre quise obviar…

Amé la luz y el aire, las tinieblas,

la fe, la libertad,

a tierra que pisaba...Lo amé todo...

Amé la gran verdad

de amarte hora tras hora, un día tras otro...

de amarte más y más...

de amarte, solo a ti, en todas las cosas...

Y no quise pensar

-por no sentirme triste- en la tristeza

de lo que se nos va.


Un día amaneció...distinto a todos...

distinto a los demás...

porque te amaba a ti -¡porque te amaba!-...


Como un blando cantar

recuerdo un musitar maravilloso:

"Amar, amar, amar..."


DÉCIMA A TUS CABELLOS.


Todo el mágico revuelo

de las mieses cimbreadas,

todo el sol de las doradas

tardes de sereno cielo

se adivinan en tu pelo.

Como rubios manantiales,

como fúlgidos cendales,

como un río de oro y flama

tu cabello se derrama

en flamígeros raudales.


TU BESO.


El plenilunio se escondió travieso...

Solos tú y yo...sin luna... ¡Qué derroche!

No sé si me encontré preso en la noche

o fue tu hechizo el que me tuvo preso...


Abrí la boca para hablar mi peso

y no llegó a escucharse mi reproche...

La tuya le prendía el dulce broche

de un eternal y generoso beso.


¿Duró un minuto sólo...sólo una hora?

La luna se asomó entre las acacias...

Miré tu faz teñida de amapola


y cuando abrí mi boca a darte gracias

y el plenilunio se escondió, travieso,

mi boca fue tapada por tu beso.


ROMANCE.


Retratados tus dos ojos

en el agua, me miraban.

Eran dos perlas divinas

que destellos irradiaban,

dos estrellas que reían,

dos diamantes que jugaban

sobre las aguas del río...

Eran verdes esmeraldas

que me hablaban de ilusiones,

que me hablaban de esperanzas...

Eran dos vidrios que mimos

y caricias encerraban...


Me miraban y reían

mientras los olmos roncaban,

mientras las aguas corrían,

mientras las hojas temblaban,

mientras cantaban las aves...


Dos mundos de dulces ansias,

dos lagos de extraños goces,

dos reinos de ricas galas...


Retratados tus dos ojos

en el agua, me miraban,

y mis ojos te veían

reflejándose en el agua.


* * *


Tus ojos me hipnotizaron;

me penetró tu mirada,

como una ola enfebrecida

que, loca, en el cuerpo avanza

y que deja adormecidos

los sentidos cuando pasa...

Sentí, aún estando insensible,

un calor que me abrasaba...


Ya no roncaban los olmos,

ya no corrían las aguas,

ya no temblaban las hojas,

ya las aves no cantaban...

El cielo ya no era azul,

era rosa y escarlata,

salpicado de ilusiones

y de mitos de la infancia,

cruzado por aves de oro,

surcado por nubes blancas

y embargado de canciones

delicadas, suaves, blandas.


Sentí muy cerca de mí

el roce de tu alba cara.

Noté que tus lindos brazos

en mi cuello se enlazaban

y luego...


* * *


Luego sentí

que un viento nos arrastraba

por caminos silenciosos,

por regiones desoladas,

donde sólo había dos seres

confundidos en un alma.


Soñé con mares serenos,

soñé con noches de plata,

y con cendales de espuma,

y con vellones de lana

y con seda y perlería...

Soñé con tardes nimbadas

y con pompas relucientes

que de los cielos bajaban...


Soñé que entre blandas plumas

mi vida, dulce, se ahogaba.


Acaso pensé un momento,

mientras a mí te abrazabas,

buscar lo que no tenía:

una paz que me faltaba,

un bien del que carecía,

un amor que no encontraba...

Acaso todo lo hallé

o -acaso- no encontré nada.


* * *


Retratados tus dos ojos

en el agua, me miraban.


Eran dos perlas divinas

que destellos irradiaban,

dos estrellas que reían,

mientras los olmos roncaban,

mientras las aguas corrían,

mientras las hojas temblaban,

mientras cantaban las aves...


Recuerdos gratos que arrastran

las voces roncas del viento,

las aguas del río, claras...


TUS MANOS.


Dos fragantes azucenas

de románticos aromas,

dos alígeras palomas

en el cielo encantador,

dos luceros que acarician,

dos copos níveos, livianos:

Eso son tus tibias manos...

Nidos cálidos de amor.


EL MILAGRO DE AMAR.


Yo creía

que los días

solamente alboreaban

por la voluntad de Dios;

pero noto,

con asombro,

que los días se levantan,

¡cuando te levantas tú!


Yo creía

que vivía

que gozaba, solamente

porque lo quería Dios

y hoy descubro

que mi mundo

se sonríe y se conmueve

¡porque así lo quieres tú!


Yo pensaba

que las alas

de mis sueños me envolvían

porque lo mandaba Dios

y hoy comprendo

que los sueños

e mis noches me dominan

¡porque me lo mandas tú!


A TUS OJOS AZULES.


Azules, como el cielo, son tus ojos,

cuando me miran llenos de alegría;

azules son, como la lejanía,

cuando me miran destilando enojos.


Azules son cuando me miran flojos,

como el lucero que en la altura ansía

azules son, como la mar bravía,

cuando le presta la ira sus arrojos...


Azules son tus ojos cuando lloran,

azules son cuando aman, cuando imploran,

como las flores de azulados tules...


Y cuando miran llenos de dulzura

anhelando pasión, fuego y ternura,

compasivos...tus ojos son azules.


TÚ Y YO.


I.TÚ.


Suave espuma de irisados manantiales,

mariposa delicada,

primavera,

sol y día que deslumbran,

breve aliento de la rosa perfumada,

poesía:

Allí estabas, en el cielo de mi vida,

sonriéndome.


II. YO.


Noche oscura sin estrellas y sin luna,

leve sombra desabrida,

paramera,

voz y queja que desean,

heliotropo que, sediento, se retuerce,

ansia eterna:

llí estaba, en el camino de tu vida,

esperándote.


III. LOS DOS.


Y emprendimos el periplo de la gloria.

ú me diste día y luces...

Yo, mi noche...

ú me diste todo el fuego

que corría como un río por tu sangre...

Yo, el anhelo

generoso de tenerte... ¡y de abrasarme!,

contemplándote.


SEGUIDILLA.

Dame un copo del fuego

que yo te pido;

no me niegues un algo

de tu cariño.


Pues sabe, amor

que es un poco de todos

el corazón.


,FÁBULA.


La luna vestía su lívido

vestido argentífero...

La noche tenía fulgores espléndidos,

silencios magnéticos...

Estábamos

en un solitario paraje magnífico

y tú suspirabas, hablándome

de amores y dichas, sin muertes, magnánimos,

de amores eternos y cándidos...


Y yo, que te oía, pensaba, nostálgico,

en bellos amores difíciles

y trágicos...


Mi voz, sin quererlo yo, cálida,

vertió en tus oídos la fábula

de Hero y Leandro, terrible y fatídica...


Y tú la escuchaste viviéndola,

poniéndote pálida,

sintiéndote trémula...


¡Si yo no quería decírtela...!


TUVE NECESIDAD DE UNA CARICIA.


Tuve necesidad de una caricia...

¡Tendí los brazos...!

Sólo tus suaves dedos, al rozarme,

me acariciaron...


MADRIGAL.


Quisiera poseer el mundo entero

en mis sedientas manos,

los vientos soberanos,

todas las aguas de los mares...pero


no tengo nada apenas

para ofrendárselo a tu amor, bien mío:

sólo un ardiente corazón vacío

con pocas risas y abundantes penas,


sólo unas pocas ilusiones mustias

y todas las angustias

que caben en la tierra...Humildemente

te doy mi corazón que ya se siente

reconfortado y pleno...


Ámalo eternamente...

¡Ámalo así porque me lo haces bueno!


SONETILLO A UNOS LABIOS.


Aún me saben a lindezas

tus dos labios -mansas olas,

buscando las playas solas

para su beso de altezas-.


Aún me saben a tibiezas

y a caricias de amapolas

y a frescores de corolas

y a dulzores de cerezas.


Aún me saben a resabios

y a sentires consentidos

y a soñados desagravios


y a perdones no pedidos

tus dos labios...tus dos labios

tentadores, encendidos...


MIS MANOS POSEYENDO UN SUEÑO


Un día se me hicieron plumas

azules los celajes muertos,

canción melíflua y turbadora

los más desenfrenados vientos,

las nubes se pusieron lindos

vestidos de irisados vuelos...

Volé, sobre un corcel de espuma,

el más encantador desierto.


Yo tuve en mis vacías manos

un mundo deslumbrante y nuevo...

Mis manos... poseyendo, ansiosas,

el más maravilloso sueño...


TU BESO BLANDO.


Primero agradecí tu beso cálido,

tu beso blando,

tenue, de luces, como aurora, pálido...

y aspiré el optimismo de tus labios

muy poco a poco, para no quebrarlo.


Mas luego me di cuenta que era amargo,

que me hizo daño...

Pues me robaste entre tu aliento blanco

mi soledad, mi intimidad...mi algo.


TÚ NO LOS DEJAS.


Tus ojos son dos estrellas

ue quieren mirarme un poco...

¡Tú no los dejas!


Tus ojos son dos luceros

que quieren mirar a otros...

Yo no lo quiero.

¡Ni tú tampoco!


Tus labios son dos cerezas

que quieren besar golosos...

¡Tú no los dejas!


Tus labios son dos rubíes

que quieren besarme, locos...

Tú no les riñes...

¡Ni yo tampoco!


PASIÓN DE ADOLESCENTE


Eres como pasión de adolescente

que anhela ser gozada…¡Y huye siempre!


SOLAMENTE LOS DOS.


Unas manos que se abren anhelantes,

unos ojos que se miran francamente

sin temor,

unas cálidas caricias,

un temblor

que recorre dulcemente nuestro cuerpo,

unas ansias vehementes

de que no acabara nunca aquel momento

turbador.


Allí estábamos, ajenos a la vida,

tú y yo...

Aquel día descubrimos

el amor.


Unos labios que se abren, que se ofrecen

entadores, suplicantes, rogadores

de pasión,

un silencio sin palabras,

sin dolor...

y dos almas que se encuentran en un mundo

gratamente solitario,

en un mundo tuyo y mío, solamente

de los dos.


Allí estábamos, ajenos a la vida,

tú y yo...

Aquel día -¡caprichosos!- inventamos

el amor.


EL ÚNICO AMOR.


Pasaban sobre nosotros los dulces días

de mayo, bellos y mágicos de esplendor...

Flotando sobre el silencio, tú me decías:

¿Qué es el amor?


-Aprende, dándolo todo, sin esperanzas

de recibir nada a cambio, a renunciar

-te dije, con el temblor de mis añoranzas-.

Eso es amar.


Mas ahora que estoy mirándome en este sueño

te digo, como un profeta revelador:

“Ama las cosas que tienes alrededor,

donando tu corazón solamente a un dueño.

Sabrás así el verdadero y único amor.


YO TE DIJE.


Tus dos ojos plateados por la luna

me miraban

sobre el agua

y mis ojos, sorprendidos, suplicantes,

te miraban

sobre el agua...


Yo te dije muchas cosas...

tantas cosas que no puedo

recordarlas...

Tú me oías en silencio, sin sonrisas,

y callabas...

Yo te dije muchas cosas...¡Yo te dije

que te amaba!...


Sin sonrisas, en silencio, tú me oías

y callabas,

mas tus labios me decían

sin palabras

que me amabas.


Tus dos ojos, plateados por la luna,

destilaron una lágrima sincera

sobre el agua

y mis ojos no encontraron,

sorprendidos, suplicantes,

tu mirada


Como un cántico fantástico

de plata,

nuestros rostros y la luna

se besaron confundidos, desleídos

en el agua...




















PARTE II ADIÓS...



ADIÓS,


Adiós en mis labios de nuevo.

Mis labios que ansiaron tus besos,

mis labios que quieren decirte: ¡te quiero!,

musitan: ¡adiós!, sólo eso...

tan poco... y me duele muy dentro...

Adiós en mis labios de nuevo,

deseo,

recuerdo...


¿POR QUÉ TE FUISTE?


¿Por qué te fuiste si yo te amaba?

¿Por qué te fuiste, mi amor divino,

de mi presencia, de mi camino?

¿Por qué te fuiste?... Yo te adoraba.


¿Por qué te fuiste, por qué, aquel día?

¿Por qué, princesa de mil candores,

tuviste miedo de mis amores?

¿Por qué te fuiste?... Yo te quería.


¿Tuviste miedo del cierzo bravo

que a tus oídos llevó la esencia

de mis palabras, de mi existencia?

¿Por qué te fuiste?...Yo era tu esclavo.


¿Por qué te fuiste, dolor acerbo?

¿Tuviste miedo de aquella dicha,

de aquel cariño?...Asaz desdicha.

¿Por qué te fuiste?...Yo era tu siervo.


Mujer de ensueño... ¿Por qué huiste?

¿Tuviste miedo, celeste lirio

de aquellos besos, de aquel delirio?

¿Por qué te fuiste?... ¿Por qué te fuiste?


FELICIDAD.


Que eres feliz me aseguras...

y, ¿qué es la felicidad?...

Una flor que se marchita

acabada de brotar.


ESTABA ABANDONADO...


Miré la ausencia y escuché el silencio

y palpé el aire...Te busqué, vehemente.

No te vi, ni te oí, ni te sentí...

Estaba abandonado sin tenerte...

y aún entonces no supe que lloraba,

pero lloré -no pude contenerme-.


AUSENCIA.


Se morirán, cuando decline mayo,

las mariposas,

desnudarán su pudibundo talle

las amapolas,

y los pinares dormirán sin trinos

y sin aromas

uando te vayas sola.


Se me helarán las lágrimas sin brillo

sobre los ojos,

desterraré el placer de haber besado

tus labios rojos,

y olvidaré tu amor y tu recuerdo,

tu nombre, ¡todo!,

cuando me quede solo.


TE LLEVO DENTRO...


Doquiera miro

siempre te veo...


Si en las penumbras de la enramada

siento en mi rostro tus tibios besos...


Si en los rincones de las umbrías

rozan mi carne tus áureos dedos...


Y si en los lechos de los caudales

tu fuego -el hielo

del agua pura rompiendo invade-

lame mi cuerpo...

Y, si en la noche

dirijo al cielo

mi vista errante,

en las estrellas,

como un espejo,

te veo en ellas...


Y si en el sueño

cierro los ojos

por no mirarte...¡te llevo dentro!


CULPABLES.


No sé quién tuvo razón.

Ignoro quien fue el culpable...

Si tú por arrepentirte

o si yo por no escucharte.


* * *

Dos sonrisas, dos destinos,

dos deseos entrañables...

Y un sólo cielo, sereno,

un bello y sutil paisaje,

una luna silenciosa

y aves, muchísimas aves,

y lamentos de cigarras

en las noches estivales...


Y, entre todo aquel ensueño,

dos amores de romance,

dos cariños de leyenda

y dos almas ideales

que dejaron de ser ciertas

cuando fueron desiguales...

Dos suspiros, dos quereres,

que pasaron a ser aire

porque de aire estaban hechos...


Dos amores irreales...


Quisimos ser un ser sólo,

un alma, un cuerpo, una sangre,

un corazón, un destino...

y hoy, ya ves, no somos nadie.

Dos ansias que se desean

o dos seres tan cobardes

que se están queriendo y huyen,

que se aman y no lo saben.


* * *


No sé quién tuvo razón.

Ignoro quién fue el culpable...

Si tú por arrepentirte

o si yo por no escucharte.


Pero dejemos que corran

nuestras vidas por sus cauces,

como discurren los ríos

derechos hacia los mares.

Nos seguiremos amando,

siempre, en silencio, distantes,

alejados, separados

por esa valla infranqueable...


Al fin, somos muy distintos:

Dos espíritus errantes,

un cuerpo y dos sentimientos,

un alma y dos ideales,

un sólo amor, dos destinos...

o dos seres tan cobardes

que se quieren y se huyen

que se aman y no lo saben.


* * *


Dejémoslo todo así,

en un amor de romance

y no queramos saber

quién de los dos fue el culpable.


NO TE HE VISTO...


Te he buscado en el claror de la mañana

para ansiarte...No te he visto.


Te he buscado entre los flecos de la tarde

para amarte...¿Dónde has ido?


Te he buscado en las tinieblas de la noche

para amarnos...¿Por qué has huido?


SILVA A UN SUEÑO.


Pude librarme, al fin, de mi pequeño,

de mi enojoso mundo.

Me liberé de sus tediosas trabas

y abrí la puerta de mi blando sueño...

y oí tu voz -¿llamándome?- un segundo...

Sin verte sé que estabas...

* * *

Había un mar de enfurecidas olas,

un huracán de borrascosas cumbres,

una honda noche de tormenta y lumbres...

y, en medio del fragor,

un campo de invioladas amapolas,

morada del amor...

* * *

En él estabas tú, como una diosa

de bucles amarillos,

como una diosa hermosa,

señora de lucíferos castillos.

Reías, aquiescente, inaccesible,

con tu penacho de erizados rayos,

con tu cortejo de fogosos vientos

y tu inefable plenitud de mayos...


Eras un imposible

fantasma que robó mis pensamientos...


De súbito, una noche

-magnífico derroche

de sombras, de silencios, de inquietudes-

entrose muy despacio por mi puerta,

sagradamente abierta

al cielo tormentoso de mis sueños,

de mis infinitudes,

de mi sufrida fe, de mis empeños...


La noche nuevamente...

Entre las sombras te busqué vehemente...

Mas sólo oí tu voz, lejana y fría...

tu voz que me llamaba dulcemente...

tu voz que se reía...¡se reía...!


PERDÓN.


Yo sólo quise tu perdón sincero

y anhelé tu dolor para lograrlo...

De tu pupila me cayó una lágrima:

¡Me habías perdonado!


ME HUYES...


Desde adentro te miro

en tus viejos recintos azules

y te huelo en las flores sin nombre

y te palpo en los vientos sin lumbre

y te escucho en el mar

y te beso en la noche sin luces...

Mas no puedo alcanzarte

porque me huyes -te huyes...


AQUELLA TARDE.


Reía el día en tus pupilas claras,

doraba el sol tu cabellera blonda,

tus manos cabalgaban en el cielo

lo mismo que dos gráciles palomas,

la vida esplendorosa palpitaba

sobre tus senos de color de rosa...

¿Qué más quería yo, sino mirarte,

mirar tu rostro de nereida hermosa?


Sonaron tus palabras en la calma

como una voz lejana y armoniosa,

no sé si para hablarme de tu mundo

-tu mundo de princesas caprichosas

que anhelan, prisioneras, ser amadas-

no sé si para hablarme de otra cosa.

¡Con qué ansias quise entonces abrazarte!

¡Qué pena, al recordarlo, me ahoga ahora!


YO NUNCA TE PEDÍ...


Yo nunca te pedí que me dejaras

nada que fuera tuyo...y tú me has dado

la dicha y la tristeza,

lo que es bueno y lo malo,

las risas y las lágrimas...

Me diste la pureza y el pecado,

y, luego, sigilosa,

te fuiste, tan callando,

que yo no pude darte

mi intimidad, mi soledad...a cambio.


MIS HORAS TRISTES.

I.

SOLEDAD.


Eran mis horas tristes...

Mi corazón estaba vacío de pretéritos

y yo me debatía

-penosamente ciego-

buscándole un camino a mi vida sin sentido,

sin luces, sin anhelos...


Eran mis horas tristes...


Y yo tenía miedo

-un día y otro día-

de ser el mismo hombre, sin rumbo y sin senderos,

cantando a cada paso un himno a la esperanza

que me bullía adentro,

un himno de grandezas, un ditirambo dulce

que yo tenía hecho

para el futuro día

que había de venirme, agradablemente nuevo...


Y así, cada mañana,

cuando la luz del alba llegaba hasta mi lecho

a despertarme, leve,

yo abría los postigos de mi ventana al cielo

azul de mi esperanza...


Hacía frío fuera, un frío casi fiero,

cruel y despiadado, que me atería el alma,

dejándola desnuda de voz y de deseos.

Mis ojos recorrían,

con mudo desaliento,

un cielo tenebroso sin soles y sin nubes,

hostilmente desierto,

un páramo sin flores, sin auras y sin pájaros,

un eternal invierno...


* * *


Eran mis horas tristes,

con mi ventana abierta, sin tregua, hacia mis sueños,

para que se me entrara aquello que esperaba,

melifluo, innominado, que siempre estaba lejos.


II. AMOR.


Y un día

llegó, misterioso y extraño...

Entrose en mi alma,

despacio,

lo mismo que un rayo

de sol transparente, furtivo,

callado...

y el himno que yo le guardé,

de esperanza, mi canto

de fe y de ilusiones,

temblome -al salir- en los labios,

como una paloma azogada

que escapa -buscando

la altura,

la luz- de mis manos...


Abrí mi ventana

y hallé un infinito remanso

de paz, de armonía...

Había clarores de lentos veranos,

murmullos de trigos al viento,

rumores de mares lejanos...

Habían perfumes y aromas que nunca

notaron,

que nunca sintieron los hombres...


Aquellos que fueron inhóspitos páramos

estaban repletos

de nítidos prados...

Habían pujantes, polícromas flores

y cálidos pájaros...


Y yo, como un niño que sueña

fantásticos,

quiméricos sueños de hombre,

huí de mi noche, turbado,

mirándolo todo

con ojos suspensos de asombro y de pasmo.


Y amé

la noche y el día, lo bueno y lo malo,

la vida y la muerte...


Viví enamorado

de todo y de todos,

porque algo -ese algo

tangible y hermoso que yo presentía-

llegó, misterioso y extraño,

y entrose en mi alma,

despacio, despacio,

un día

de mayo.


III. RECUERDO.


Pero arribó la noche-la noche sigilosa, preñada de secretos-

y se llevó mi gozo,

dejándome perdido e inconsolable, inmerso

en un brumoso mundo

inhóspito, sin fuego,

sin auras y sin flores, sin soles y sin pájaros...


Y me quedé sediento...


Hacía mucho frío y yo vagaba tenue,

como un vano fantasma, doliente o irredento,

como un rodal de niebla,

como un jirón de viento,

buscándome en las sombras del día y de la noche,

penosamente ciego...


Eran mis horas tristes...


Mi corazón estaba cansado de recuerdos,

cansado de andar tanto,

sin rumbo y sin senderos...


Eran mis horas tristes

con mi ventana abierta -¡sin tregua!- hacia mis sueños.


TÚ ERAS.


Tú eras la tumultuosa

corriente del bravo río,

yo, el rayo de sol que posa

su beso en tu lecho frío.


Tú eras el impetuoso

vendaval lleno de ruidos,

yo, el junco que se resiste

a soñar con tus caminos.


Tú eras el mar proceloso,

yo, la mansa espuma, el rizo,

que no quiere compartir

a vorágine contigo.


Tú no querías parar,

detener tu loco ritmo...

Y yo quería seguirte...

No pudimos...no pudimos...


Somos endebles muñecos,

marionetas que de un hilo

pendemos y nos movemos

a impulsos de nuestro sino.


TE BUSQUÉ.


En la luz y en las umbrías

te busqué...


Con el alma traspasada de recuerdos,

dolorido,

te busqué...


A los vientos que oreaban mi camino

y a las aves que llevaban en sus trinos

tus palabras,

pregunté...


En el cielo rubicundo de la tarde

y en las auras amarillas que murmuran

en las frondas,

te escuché...


En la calma silenciosa de las sombras

y en la lumbre de mis noches recorridas

de quimeras y de trasgos,

te pensé...


En las pálidas estrellas que se asoman

para verse refractadas en los hielos

del invierno,

te miré...


Y cansado de buscarte,

con el gozo de encontrarte,

con el ansia de tenerte,

abatido por el sueño,

te soñé...


En la luz y en las umbrías

te busqué...

Y cansado y abatido por el sueño,

¡te encontré!

SÓLO TENGO ADIOSES.


He soñado tantas veces

-a veces, no sueños: voces-

con tenerte junto a mí

que ahora que te tengo -¿me oyes?-

ya no me quedan palabras...Solamente tengo adioses...


ELEGÍA A UN AMOR MUERTO.


Descansa y enmudece, te lo ruego,

tú, que otro tiempo fuiste poesía,

pasión ardiente, fe, calor y fuego.


Descansa ya en tu oscura fosa fría,

en tu sepulcro nítido y extraño,

que te nació de tu melancolía.


No quiero que, otra vez, fingiendo engaño,

de entre tu lecho de dolor surgiendo,

vuelvas a mí para infligirme daño.


No quiero verte más con tu atuendo

polícromo de luces y colores

de entre el olvido, vano, renaciendo.


Reposa para siempre en los verdores

de tu sepulcro que la brisa riza

y llévate contigo mis temores,

que yazgan junto a ti, con tu ceniza.


LEVEDAD.


Cuando el ruido generoso de la vida

que tú vives

se te meta muy adentro -hasta dolerte-

cuando busques un remanso

de silencio y de quietudes

en la paz de las umbrías pudorosas,

búscame.


Cuando notes que el enojo colorea

tus mejillas

y las lágrimas acudan a tus ojos

y no tengas un amigo

que te escuche y te comprenda

sobre el cálido murmullo de las frondas,

háblame.


Cuando sientas en tu alma deprimida

que no te aman...

Cuando sientas la punzada dolorosa

de la ausencia y necesites

un calor y una caricia,

en las auras y en los cierzos que te besan,

bésame.


Cuando tengas una pena que te ahogue,

cuando tengas

un suspiro, una añoranza a cada paso

y estés triste...cuando pidas

una voz que te consuele,

en las brumas inconcisas del otoño,

llámame.


Cuando quieras un amor hecho de auroras

y de brisas...

Cuando quieras un amor puro y sereno

de deseos y ansiedades

solamente...sin palabras...

en las nieblas de la noche misteriosa,

ámame...

en las sombras caprichosas de la noche,

quiéreme...


TU IMAGEN.


Luché para hacer aire aquellos días

de amor...Y yo no supe hacerme fuerte

en ese valle de amargura y muerte

en el que, a cada paso, resurgías.


Adrede te maté...pero seguías

viviendo en mí, magnánima, de suerte

que no supe sentirme sin tenerte,

teniéndote tan dentro que dolías.


Mas arranqué tu imagen de mi alma

y, poco a poco, me invadió la calma...

Ahora te añoro en mis evocadoras


noches cargadas de recuerdo y tedio...

No volverán jamás aquellas horas...

Se fueron, para siempre, sin remedio.






Albacete, Julio-Agosto de 1.963.






OTROS POEMAS DE AMOR


PECADO.


Niños vestidos de verde,

niñas vestidas de blanco,

inocentes criaturas

cogiditas de la mano,

tristes miradas las suyas

y menuditos sus pasos...

Niños que no tienen padres

y que no tienen hermanos...

Niños que sólo conocen

una casa y un techado,

unas rígidas costumbres,

un paseo cotidiano

y unas monjas bondadosas

que, a fuerza de años y años,

les enseñaron a amar

al Dios divino y humano...

Niños sin juegos, sin fiestas...

¡Niños del orfelinato!


¡Qué sorpresa te produjo

verlos pasar a tu lado!

La misma que a mí, mujer,

que yo también soy humano...

¡Qué sonrisita más fría

vi dibujarse en tus labios...!

Pensaste...igual que yo...

igual que tantos y tantos:

Qué culpa pueden tener

estos hijos del pecado",

mas no quisiste pensar

en recuerdos más lejanos,

recuerdos que te trajeron

-como a mí, sin sospecharlo-

los semblantes inocentes

de estos niños desgraciados.


Piensa, aunque te avergüences

-como yo lo estoy pensando-

piensa, que siempre es bueno

pensar en momentos gratos,

piensa, que no es un delito

pensar en ratos pasados,

piensa, que nadie sabrá

jamás lo que hayas penado...

¿Tienes vergüenza?...Pues sabe

que yo también soy casado

y pienso, pienso en un día

que nunca podré olvidarlo.


* * *


Erubescente, la tarde

se cobija en el ocaso,

Miles de pájaros huyen

al horizonte lejano,

huye el viento a la montaña

y paralizan su canto

las aguas mansas del río

y tórnase gris el campo...

Quietud, olvido, bonanza...

Todo estaba solitario...

¡Solos los dos en el mundo!

Había que aprovecharlo...

Era un momento sublime,

feliz...¡y lo aprovechamos!


¿Qué importa que se cubriesen

los montes, por no mirarnos...?

¿Y qué importa que la noche

aprisionase los campos

con su sudario de muerte,

con su finísimo manto,

para que no sospechasen

nuestra falta de recato...?


Nunca nos hemos querido,

nunca nos hemos amado...

Mas fue un momento poético,

un sueño puro, anhelado,

una vil fugacidad,

una celada que el diablo

nos preparó...y caímos...

Mas fue un pecado romántico.


Luego te fuiste callada

y yo me quedé callado,

recordando aquel instante

que hoy pienso que me hizo daño,

porque la felicidad,

el placer y los halagos

no existen en esta vida...

Te vi perderte a lo largo,

confundirte en la distancia,

sumirte en los muros sacros

del cementerio del pueblo...


¡El cementerio!...¡Qué vagos

presentimientos me asaltan,

como entonces me asaltaron,

al ver sus cipreses verde

y sus muros encalados!

Iguales que los vestidos

de estos niños...¡Verde y blanco!


* * *


¡Qué sorpresa te produjo

verlos pasar a tu lado!


Pensaste...igual que yo:

que entre todos los muchachos

podría hallarse tu hijo...

Tal vez aquél sonrosado,

aquél de los ojos negros,

aquél del pelo anillado,

o el que a su lado camina,

o aquél de los ojos claros,

o ese otro tan risueño,

o quizás éste tan guapo

que te parece en la cara

y en los hoyos de los brazos.


Yo sé que antes que mujer

eres madre y has llorado

aquel momento tan dulce

que ahora sabes que fue amargo...


Niños vestidos de verde,

niñas vestidas de blanco,

inocentes criaturas

cogiditas de la mano,

tristes miradas las suyas

y menuditos sus pasos..

Niños sin fiestas, sin juegos...

Entre ellos va tu hijo amado,

el hijo de tus entrañas,

¡el fruto de aquel pecado!


Del libro BALBUCEOS. 12 Enero 1955



INTIMIDAD.


¡Qué calma!

Mis pasos apenas si pueden turbarla...

no se oyen...son leves...

y muy poco a poco se apagan...

La fuente tranquila está triste,

las aves no cantan

y nada se mueve...La vida

parece dormida, sin fuerzas...¡Qué calma!...

Y yo ando -¿qué busco, qué quiero?-

encima de tanto silencio, de tanta

tristeza,

de tanta bonanza...

Mis pasos no se oyen...


Tendida en la hierba, muy blanca,

pedazos de cielo sus ojos,

sonrisa de fresa y de nácar,

su cutis de nieve y de rosa,

su pelo dorada cascada,

riendo, una ninfa -¡una diosa!-

se halla...

La fuente tranquila está triste,

las aves no cantan...

Mis pasos son leves...

Mis brazos, avaros de vida, se alargan,

mis manos, mis dedos, se abren

y quieren tocarla -¡qué poco: tocarla!-...

De pronto, la ninfa

me esquiva, asustada...

y huye...como una gacela,

salvando ágilmente las breñas, las matas...

al viento los tules que ciñen su talle,

sus ondas doradas...

Yo corro tras ella...

Deseo alcanzarla...

Deseo, tan sólo, un halago y un mimo...

Le grito, la llamo...No tiene palabras...

Y huye, y huye...y huye...

Yo quiero alcanzarla...

Al fin ha caído rendida en el césped...

Mis manos, hambrientas de mimos, avanzan,

mis dedos se abren

y quieren rozarla -¡qué poco: rozarla!-...

Sus ojos no miran ya dulces,

su boca no ríe, no habla...

Sus ojos son ahora muy duros,

sus dientes se aprietan, sus manos se engarfan

y tiembla

como una paloma azogada...

Sus ojos azules, mirando tan fríos

me han hecho una herida en el alma...

¡No quiero ya mimos ni halagos

ni nada!

Me alejo buscando la sombra...

Mis pasos apenas si quieren turbarla...

No se oyen y, muy poco a poco,

se van apagando, se apagan...


La fuente tranquila está triste,

las aves no cantan

y nada se mueve...

¡Qué calma!...

Yo ando -¿qué busco, qué quiero?-

encima de tanto silencio, de tanta

tristeza,

de tanta bonanza.


Del libro SOLEDAD. Albacete 1959


EROS Y PSIQUIS.


Llama convulsa del celeste fuego

fuiste primero, para ser más tarde

ente carnal de tu curioso alarde,

en los brazos de Amor placer y juego.


Amaste, generosa, al cruel efebo

-sangre de Venus que en sus venas arde-

quemó tus carnes de pasión cobarde

sin darse a ver y abandonarte luego.


Alma sincera, mariposa errante,

que vas en busca del esposo huido,

venciendo a tu dolor tu amor gigante.


¡Oh, dulce Psiquis!, si de fuego has sido,

¿por qué te dejas abrasar, amante,

gozosa, por el fuego de Cupido?


Del libro CIEN SONETOS A AMOR 1957-. 1958


IDILIO.


Nada más que esto te pido:

que me miren en silencio

tus ojos que ya no tienen

para mí lágrimas dentro,

que ablandes sólo un instante

tu corazón insincero,

tu corazón que latía

para mí sólo hace tiempo

y que se plieguen tus labios,

que no son de sangre y fuego

para mí, como otras veces,

no para esquivar mis besos,

sino para que me escuches,

sin que me hables, en silencio.

Aquí me tienes, mujer,

aquí me tienes de nuevo,

no porque tú lo quisieras

sino porque yo lo quiero.


Han pasado muchos años,

muchos años, desde aquello...

Tú eras casi una chiquilla

y yo era casi un mancebo

pero bastó una mirada

sólo de tus ojos negros

para que ya no pudieras

irte de mi pensamiento

y en él te llevo conmigo...

Un altar te he hecho en mi pecho,

de luces y de ternura,

con la imagen de tu cuerpo,

para darle cada día

todo lo mejor que tengo...

Han pasado muchos años,

muchos años desde aquello...

desde que tú me dijiste

que ya no me amabas...y eso

aún me perdura en el alma,

aún tortura mi cerebro.


Quise olvidarte y no pude

porque te llevaba dentro,

y aprendí a tener orgullo

entonces...Y me fui lejos...

Tuve mujeres y amores

pero, fiel a mi recuerdo,

supe guardar tu memoria...

Y aquí me tienes de nuevo...


Han pasado muchos años,

muchos años desde aquello...

Se han ido mis ilusiones,

pero aunque yo soy más viejo

mi amor sigue siendo joven...

Lo mismo que tu desprecio.


Aún guarda aquella alameda

-¿te acuerdas?- nuestro secreto...

Aún me parece escuchar

cuando musitan los céfiros

su canción entre las frondas,

el rumor de nuestros besos.

Aún me parece sentir,

cuando me acaricia el viento

levemente las mejillas,

el halago de tus dedos.

Aún me parece notar

cuando, mecidas del cierzo,

se tienden, febles, las mieses,

el temblor de tus cabellos,

y veo, como una sílfide,

recortándose en el cielo

azul, tu silueta esbelta,

la noche en tus ojos negros,

el sol en tus labios rojos,

el alba en tu claro cuello,

la luz, el día y la vida

latiendo en tus blandos senos...


Aún guarda aquella alameda

-¿te acuerdas?- nuestro secreto...

¿Recuerdas que hicimos juntos

un solemne juramento?

¿Recuerdas que prometimos

querernos siempre...querernos

con el alma...y que sellamos

nuestro pacto con un beso?...

Pues, si te acuerdas, ¿qué hiciste...?

¿Olvidarlo...? No lo creo...

Me lo confirman tus ojos

y tú me lo estás diciendo

aunque no tienes palabras...

¡Me lo dice tu silencio!

Podrás quitarme tu amor,

tu nombre, tu juramento...

pero la dicha de haberte

tenido junto a mi pecho,

el placer de tus caricias,el aroma de tu aliento,

los besos que tú me has dado...

óyelo, mujer, todo eso

no podrás arrebatármelo

aunque esté mil veces muerto

porque en mi tumba estarán

palpitando los recuerdos...


Nada más que esto te pido:

que me miren en silencio

tus ojos, que ya no tienen

para mí lágrimas dentro,

que ablandes sólo un instante

tu corazón insincero,

tu corazón que latía

para mí sólo hace tiempo

y que se plieguen tus labios,

que no son de sangre y fuego

para mí, como otras veces,

no para esquivar mis besos

sino para que me escuches,

sin que me hables, un momento...


Quiero decirte tres cosas:

que te quise, que te quiero

y que te querré por siempre...

Pero, no... no tengas miedo

que no he venido a medrar

la limosna de tus besos

que me sabrían amargos

porque ya no son sinceros...

No tengas miedo, mujer,

que ya no pido ni ruego,

porque mi orgullo es muy grande...

es mayor que tu desprecio.

Sólo deseo decirte

que cumplí mi juramento,

que cuanto más me desdeñas

tanto más te estoy queriendo...

Pero ya no ansíes más

porque no quiero ofrecértelo...

Me iré otra vez sin que sepas

el dolor que yo me llevo

aunque tenga que morderme

la lengua por contenerlo

y me sorberé las lágrimas

que están picándome adentro

y estrujaré fuertemente

el corazón en mis dedos

y evitaré que mi boca

proclame tu nombre al viento

para que no sepas nunca

la pena que yo me llevo,

porque mi orgullo es muy grande...

¡Es mayor que tu desprecio.


Del libro ALBACETE (17 de mayo de 1.961)


ENDECHA.


¡Señor: que no se apague

la luz de esa mirada!

¡Que no se acabe nunca

tanta ventura, tanta!

¡Que esas pupilas verdes

que alumbran mi esperanza

vengan a hacer más leves

el corazón y el alma!


¡Señor: que no se sequen

esas pupilas clara

¡Que miren siempre amando!

¡Cuánta ventura, cuánta!


Del libro VERSOS DE ATARDECER 1977-1978


NO PUEDES AMARME.


Yo sé que no puedes amarme,

que no podrás amarme nunca.

¿Acaso brota la flor nueva

para ser orna de la noche?

¿Acaso sueña sueños de hombre

tu desnudez joven, de niña?

¿Acaso un corazón cansado

puede ofrendarte fuego y sangre?...

Pero me haré sonrisa cuando pases

aunque me llore el corazón por dentro.


Del libro ANDAR…13 de Agosto 1972


LA MOZA.


¡Ay, cómo mira la niña

con su mirada de corza,

con sus ojos soñadores!

¡Ay, cómo mira la moza!

¡Y ay cómo la miro yo

cuando voy pasando en la hora

del atardecer manchego!


Es lo mismo que una diosa

despeinada de los campos,

el pelo negro y hermosa.

Sonríe tímidamente

pero yo sé que está sola,

yo sé que se encuentra triste,

prisionera en la anchurosa

vastedad de la llanura

y sé que por dentro llora.

Es como una flor radiante

de delicada corola

creciendo en la paramera,

como una cálida aurora

que alumbra perfiles duros,

como una brisa que sopla

por las antiguas encinas,

por las calcinadas rocas.


¡Ay, cómo mira la niña

con su mirada de corza,

sentada en un berrocal

del camino, triste y sola!

Y, ay. cómo la miro yo!


Su silueta se recorta

grave y grácil en la tarde

llena de mieses y aromas.

¿Qué sueño estará soñando?

¿En qué regiones ignotas

estará su pensamiento

de princesa caprichosa,

de princesa prisionera?


¡Ay, cómo mira la moza!


Es como una diosa bella

que ama imposibles, que añora,

presa en su cárcel sin rejas,

ajándose melancólica.

Yo sé que su corazón

brinca como una paloma

dentro del pecho y suspira.

Yo sé que ansía y que llora.


¡Moza manchega, garrida,

hija de una tierra sobria!,

yo, que paso con la tarde

caída, como una sombra,

me detendría a su vera

para saber de su boca

los reproches que le duelen

y las penas que la ahogan

y la amaría, si amarla

le pareciera.

La moza

se queda. Yo voy pasando

por la tarde silenciosa

de La Mancha. Ella se queda

con su pena y su congoja.


Del libro Romancero manchego 1978-1979


A UNOS OJOS VERDES.


Mírame, mírame siempre, mujer,

con tus iris de claro verde mar,

mírame, no me dejes de mirar

con tus ojos de verde amanecer,


que yo pueda embriagarme en el placer

de tu mansa mirada, desmayar

de acendrado y dulce amor, soñar

en un edén, morir, desfallecer.


Mírame, mírame, con el fulgor

de tus verdes pupilas, mírame

dulcemente, que yo pueda sentir


tu bendita mirada verde mar

abrasándome el alma de ancha fe.

Mírame, no me dejes de mirar.


Del libro SONETOS IMPROMPTU 1980-1981


SI ME DIERAS...


Niña: si me dieras

esa naricilla

y esos ojos verdes

que rezuman dichas

y esos dos hoyuelos

que hay en tus mejillas...

Niña: si quisieras

darme tu boquita,

tu melena de oro,

tu cintura fina,

las palomas blancas

de tus manecitas...

Niña: si me dieras

la tersura limpia

de tus senos breves,

de tu piel de ninfa...


Niña, si me dieras

toda tu alegría

todos tus encantos,

todas tus delicias

y tus embelecos

¿sabes lo que haría?


En mis noches solas

yo modelaría,

para ornar mis tedios

una muñequita

con tus ojos verdes

con tus manecitas

con tus senos breves

y tu piel de ninfa.

Niña, si me dieras…

si me dieras, niña...


LA NIÑA Y EL MAR.


La niña, que tiene

cintura juncal,

cabellos dorados,

pechos de coral, .

se yergue en la arena,

se viene y se va,

del mar a la orilla,

de la orilla al mar.


Las olas le besan

los pies de cristal,

el sol le acaricia

la piel, sensual.


La niña sacude

su melena atrás,

sonríe, entrevela

sus ojos de mar

Parece una diosa

de lama y de sal

salida del fondo

del agua del mar


La niña, insaciable,

vuelve a comenzar

del mar a la orilla,

de la orilla al mar...


BENIDORM, 11 JULIO Del libro RIMAS POLICOLORES. 1982-1983


LOS OJOS QUE ME MIRAN.


Los ojos que me miran,

dulcísimos y tiernos,

me halagan y me intrigan.


son ojos reidores,

ojos de niña

que ya saben de amores.


Presiento que los suaves

ojos que así me miran

ya me miraron antes.


¿Puedo encontrar el mismo

fulgor en su mirada

que el que creí perdido?


¿Pueden caber a un tiempo

las dos -la madre y la hija-

en un único sueño?


¿Puedo sentir la misma

mirada de la madre en

los ojos que me miran?


Bendita la mirada

que está haciéndome joven

el corazón y el alma.


Bendita esa sonrisa

y ese candor. ¡Benditos

los ojos que me miran!


Del libro LOS CREPÚSCULOS DEL ALMA 1983


BENDITA TU MIRADA.


Me miras y me sientes.

Estamos los dos solos

en medio de la gente.


Tienes en tu mirada,

gemela de la mía,

la soledad del alma.


No apartes tu mirada

de mí, mujer sin nombre.

Mañana, cuando parta


por los interminables

caminos de Castilla

me llevaré la amable


dulzura de tus ojos,

y te amaré en mis sueños

cuando me encuentre solo.


¡Bendita tu mirada

que me hace menos sola

la soledad del alma!


Del libro INFINITA VOZ .Aguilar de Campoo (Palencia).30 julio.1984


SONETO A UNA MUJER AMADA.


No he podido olvidarte todavía,

que estás dentro de mí, que eres el son

nostálgico que alienta en mi canción,

el ala suave de mi poesía


que va haciendo más leve la atonía

mortal en que se anega el corazón.

Tu nombre es una cálida obsesión

que se abre paso en mi melancolía.


Me queda lo mejor de ti: la amable

caricia del recuerdo, la primera

sonrisa de tus labios, la agradable


primicia de tu cuerpo quinceañero,

tu ardiente juventud, la primavera

bella y gentil de nuestro amor primero.


Del libro A SOLAS CON EL SENTIMIENTO 1984-1985


SOMBRA.


Te llevo en el recuerdo

como una sombra más de mi pasado,

mujer, y en él te pierdo

toda: tu rostro amado,

tu cuerpo tantas veces deseado...


Morar en el sentido

como un fantasma circunfuso, inerte,

vivir en el olvido,

tenerte y no tenerte...

Ser sólo aliento de una lenta muerte.


Del libro CAMINO DE SOMBRAS 1986-1995. 15, Enero de 1995


ÁMAME YA.


Ámame ya que el corazón no espera,

que se consume y arde

como una débil luz perecedera.

Ámame ya, mañana será tarde,

que ya se habrán dormido

todas mis ilusiones

en ese sueño dulce del olvido.

Ámame ya, mujer, que yo me entrego

sin voz, sin condiciones,

sin fuerzas ya, rendido.

Oye mi humilde ruego,

no dejes que la noche

se venga y nos sorprenda con su muerte

y no pueda ofrecerte

sino sólo un reproche.


MADRIGAL.


Puedes entrar, amor mío,

que tengo abierta la puerta,

que tengo la puerta abierta

para que se entre el umbrío

crepúsculo del estío,

que tengo abierto el balcón

para ti y una canción

que es un requiebro de flores,

para que endulces de amores

la hiel de mi corazón.


TE AMÉ..


Te amé, mujer, con un amor tardío,

mordido, cruel, por las desconfianzas,

con un amor casi sin esperanzas

que, a poco de nacer, ya no era mío.


Hoy, que ya no te agitas en el frío

que hiela el miedo de mis remembranzas,

te evoco y te haces en mis añoranzas

un ente amorfo, lánguido, vacío...


Y no hay rencor, no hay odio. Es que los años

borran recuerdos y sepultan daños.

Mas si otra vez viviera esos instantes


de dulce desamor y difidencia,

sabe ue, con la misma vehemencia,

yo volvería a amarte como antes.


LO FUISTE TODO.


Lo fuiste todo para mí hace años.

Estabas en la luz de la alborada

que hacía abrir mis ojos

a un nuevo día. Estabas

en mi sentir, haciéndote costumbre.

Te lo di todo sin pedirte nada...

Y amé la vida amándote...

Y amé mis horas vanas

amándote, mujer,

porque allí estabas, palpitando en mi ansia.


Y me hice sentimiento

por ti, me hice palabra

por ti, me hice sentido y hondo verso

por ti, mujer amada.

Lo fuiste todo para mí hace tiempo...

Pero los sueños pasan

y hasta el amor, que vino esplendoroso

y mágico, se acaba.


Me quedan solamente

recuerdos y nostalgias

que van colmando el corazón de penas

y el alma de asechanzas.


TU LLAMADA.


Silencio, oscuridad, luna creciente

que se entra dormilenta, entrevelada,

por entre el cortinaje hasta la almohada,

cribándose en un haz de plata efluente.


Turbando la quietud, ancha y ardiente,

creí oír tu voz dulce y amada,

la cálida pasión de tu llamada

que vino a desvelarme, vehemente.


Sentí en mi mano fría, desolada,

la brisa de tu mano, suavemente,

y en mi carne mortal, enamorada,


correr tu sangre pródiga y caliente.

Llegaste con la noche, recatada,

para quedarte en mí definitivamente.


Del libro BRUMAS DE IRREDENCIÓN. 1996-1997


¡CUÁNTO TE QUISE!


Pasé a tu lado pero fingiste no conocerme,

mujer... ¡Qué importa!

Pasan los años

y con los años las amistades que nos unieron,

las ilusiones que nos hicieron ayer mejores.

Pero se han ido ya tantos años, mujer... ¡Te quise!

¡Nunca supiste cuánto te quise!

Te amé en silencio.

Fuiste la luz de mis noches solas,

la musa amable de mis primeros versos ardientes.


Pasé a tu lado...

Miré tu cara

llena de arrugas,

tus ojos tristes,

tu pelo blanco...

Y una agridulce desesperanza erizó mis carnes,

heló mi sangre.


El tiempo puede con nuestras vidas,

lo cambia todo,

nos hace viejos...

Hubiera sido mejor no verte,

guardar muy hondo, en el pecho, viva,

la bella imagen de los recuerdos.


SUEÑO DE AMOR.


Te soñé hace tiempo,

cuando yo era joven,

cuando florecían

dulces primaveras

en mis manos frías,

cuando yo inventaba

mundos sólo míos,

sólo de los dos,

cuando le buscaba

mágicos caminos

a mi soledad,

pero en mi almo sueño

te encontrabas lejos,

te desvanecías

como una ilusión

vana, fugitiva.

Yo iba en pos de ti,

te tendía, ansioso,

mis desnudas manos,

pero no encontraba

sino vaciedad

que hacía más hondas

las simas oscuras

de mi soledad...


Los dos no cupimos

en el mismo sueño,

que era un sueño vano

que jamás hubiera

querido soñar.


MUSA ONÍRICA.


En otro tiempo fuiste

la musa generosa de mis sueños.

Yo era tu caballero en corcel blanco,

valiente vencedor de mil batallas,

barbián afortunado.


Me amabas sin remedio,

sin que pudieran impedirlo trabas.

Y yo, radiante Apolo,

me aproximaba a ti, seguro, fuerte,

te poseía dulce,

suave, calladamente.


Y tú te me entregabas

entera, sensual, sin un reproche,

poniendo el corazón, el alma toda,

en aras de un orgasmo consentido.


Y así, en mis horas solas,

dañado de mortal melancolía,

un día y otro día,

yo iba a buscarte en la blandura onírica

de mis sutiles sueños.

Me convertía entonces

en ese caballero afortunado,

dueño exclusivo de tus sentimientos,

señor de tus amores.

Y tú te me ofrecías

Virgen ayuna de placer, esclava

de un ansia desmedida.

Y yo te poseía

de nuevo, dulcemente, suavemente...


En otro tiempo fuiste

la musa generosa de mis sueños.

Acaso te amé en ellos

o acaso yo me amé a mí mismo amándote.


Del libro LOS CAMINOS DE LA SOLEDAD. 1999-2000


MUSA

En su sillón de ruedas, conducido

por femenina y cuidadosa mano,

cruza, bajos los ojos, la avenida,

cuitada y seria entre el hervor humano.


Fue musa de mis sueños juveniles

en otros tiempos, cuando aún mostraba

su júnceo caminar, sus femeniles

encantos, libre aún de toda traba.


La miro, quedo, y todavía encuentro

ornándole su faz sexagenaria,

la espléndida hermosura que fue centro

de arrobo varonil, de pasión varia.


BELLEZA NEGRA


Que la estoy mirando

sin que ella lo sepa,

con arrobamiento

y alta complacencia,

aunque algunas veces,

al desgaire, deja

que me miren, breves,

sus ojos violetas.


Sentada delante

de mi mesa, cerca,

muestra, generosa,

su figura esbelta,

su desnuda piel

de ébano, sus piernas

y sus muslos fuertes,

salvando la estrecha

minifalda blanca

que los contornea,

sus rotundos senos,

túrgidas esferas

en un ancho escote,

palpitando inquietas.

Su sonrisa franca

y ampulosa enseña

su alba dentadura,

sana, marfileña,

que contrasta, viva,

con la dermis negra

de su hermoso cuerpo,

de su impar silueta.


Que la estoy mirando

sin que ella lo sepa,

con deseo ardiente,

con lascivia inmensa.

SONETO A UN DESAMOR


No sabrás del amor que no supiste

darme en tiempos pasados - ya dormido,

sin remedio, en el alma - del latido

del corazón, más noble y menos triste.


No sabrás del dolor que me infligiste

con tu aleve despecho, preterido,

con tu hostil desamor, tu ácido olvido.

No sabrás del amor que no me diste.


Ya borré en lo más hondo de mi ser

tu recuerdo, tu nombre, tus desdenes.

Sólo tuyo seré y tú serás mía


cuando en la sombra de la noche vienes,

haciéndote canción y poesía.

Tenerte, no teniéndote, mujer.


SUEÑO


Fuiste pasión en mi empeño,

generosa en mi porfía.

Te me diste. Fuiste mía,

como una Venus de ensueño.


Te poseí. Me hice dueño

de tu cuerpo soberano,

de tus besos… Mas fue vano.

Te escapaste de mi sueño.


SONETO DE AMOR


Se vendrá la florida primavera

con su mágica luz, su beso blando

y su carga de sueños, derramando

su eternal melodía placentera.


Con ella me vendrá, leve y ligera,

sobre una nube blanca resbalando,

tu imagen fiel. Yo te estaré mirando

venir, solo. Será una larga espera.


Tú, sueño alado, cálido derroche

de azul pureza, de áurea poesía.

Yo, mística ansiedad, carnal reproche.


Tú, celical y esplendoroso día.

Yo, incierta sombra, pavorosa noche.

Tú, el vano verso, amor, del alma mía.


NO PUEDES SENTIRME


No puedes sentirme

como yo te siento,

que eres inconstante,

libre, como el viento

que pasa y no vuelve,

como un rayo incierto

de luz, como un ave

de inseguro vuelo,

como corza loca

Nunca te detienes,

nunca echas de menos

esa fe que debes

a tus sentimientos.

con su trote nuevo.


Pasas tan aprisa,

con tanto desprecio,

por tu mundo propio,

por tu entorno ajeno

por tu amor sin meta,

que no sabes verlos.

Por eso, mujer,

tan sólo por eso,

no puedes sentirme

como yo te siento.


Yo, que te he hecho el ama

de mis pensamientos,

que tanto te adoro,

que te amo en secreto,

que eres la princesa

de mis altos sueños,

la musa que inspira

mis más mobles versos,

que ha hecho de tu vida

un mundo imperfecto,

en el que se pierden,

no sólo tu empeño

quisiera ponerle

fin al desafecto

tuyo, sino al vano

goce de m empeño


Pero esta porfía

por cambiar el sesgo

de tu rumbo errado

no tiene remedio…


Y es que no me sientes

como yo te siento.












Download this book for your ebook reader.
(Pages 1-97 show above.)