Excerpt for SÓLO UN HOMBRE by , available in its entirety at Smashwords






Sólo un hombre

Por Jerónimo García Pérez (Jegarpe)

Publicación de Smashwords

2017

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Primera edición

Editor: jerónimo García Pérez

Dibujos: Pedro Gata.

ISBN: 84-300-7548-8

Tip y Offset JUNQUERA

Ríos Rosas, 16

1982 A L B A C E T E.

Depósito Legal: AB-520-1982


Segunda Edición digital

Publicado en Lulu.

Octubre 2016

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ÍNDICE


Justificación (1982)

Justificación (2016)

Cita de Juan Ramón Jiménez


ALBACETE

Autorretrato


BALBUCEOS

La Muerte del Redentor

Dudas

Poesía


CIEN SONETOS A AMOR

Hero y Leandro

Europa y Júpiter

Júpiter y Garamantis

Dido y Eneas


SOLEDAD

Mundos


EL FUEGO Y EL FRÍO

Levedad

Ausencia

Tú y Yo

Mis Horas Tristes


ALBACETE

La Feria del Recuerdo

Canción de Invierno

Calle Mayor


VEINTE POEMAS DE DOLOR Y MUERTE

El sillón vacío

Remenbranzas


ANDAR…

Encina

Yo Paso

Seguidilla

Viento de Mayo

Levedad

Te Amaré

No Puedes Amarme

Alma Aventurera

Otoño

Hombre

Amor

Mi Primavera

Noche

Posteridad

Te Quise Mucho

Placidez

Pasar


PEREGRINAJE DEL ALMA SOLA

Llamada


VERSOS DE ATARDECER

No Volver la mirada

Solamente estar

Pureza

Libertad

Oración

Vivir

Incertidumbre

Bagaje

Credo

Pasar

Huella

¡Oh, Ven si Has de Venir!

Sosiego

Olvido

Cuando Vuelvas

Pasar y No Regresar

Alma

Musa

Si Pudiera

Paisaje


ROMANCERO MANCHEGO

Abril

Caminos

Otoño

Plazas

La Abuela

Manzanares


SONETOS IMPROMPTU

A una Esdtrella

A la Muerte

Al Humo de un Cigarrillo

A una Amapola

A unos Peces de Colores

Al fuego


ESTAMPAS

Golondrinas

La Francesa

Marina

La Ventana

El Niño y el Globo

Puente de Arrastua

Mediterráneo

Mi Viejo Coche


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SÓLO UN HOMBRE



A todos mis amigos

y compañeros de tertulia

que me han animado a publicar.


Dedicatoria que figura en

la primera edición

del libro (Albacete 1982)






JUSTIFICACIÓN (1982)






















¿Quién es Jerónimo García Pérez? Mi nombre es desconocido en el panorama de las letras locales pero la evidencia de que mi producción literaria abarque más de 21000 versos, repartidos entre 743 poemas, una obra de teatro inacabada, una epopeya y tres baladas, amén de diversos trabajos en prosa, me han hecho decidirme a publicar, con el título de SÓLO UN HOMBRE, un ramillete de poemas entresacados de mis libros, inéditos y manuscritos, que descansan en uno de los estantes de mi pequeña biblioteca, ilustrados con fotografías y encuadernados cuidadosamente.


¿Cuándo se despertó en mí el amor por la poesía? Recuerdo que, desde pequeño, tuve un especial cariño por las letras. Leía y escribía mucho. Fue allá por el año 1950. Yo tenía entonces quince años.


Un día decidí reunir, barajar y ordenar mis primeros trabajos que yacían hacinados en informe, mohoso y amarillo montón de cuartillas en el rincón recóndito del cajón de los recuerdos. Así nació el primer título: BALBUCEOS. Desde BALBUCEOS hasta el último, ESTAMPAS, recientemente terminado, no he dejado de escribir, porque escribir, para mí, más que una ambición, es una necesidad, un placer que me ayuda a darle un grato sentido a la vida.


Mi obra –perdón por llamarla así-- consta de veinte títulos, número que se incrementará en años sucesivos, si Dios me da ánimos haciendo verdaderas las razones expuestas.


Toda selección es enojosa porque es subjetiva y no siempre suele elegirse lo mejor. Yo he preferido en esta ocasión, con menoscabo de una mejor calidad, transcribir poemas que abarcan desde el año 1957 hasta la actualidad, señalando de esta forma la trayectoria de mi andadura poética. La exposición de estas composiciones sigue, lógicamente, un orden cronológico.


Y nada más sino el deseo de que esta muestra de mi modesto hacer sea de vuestro agrado. Os dejo con ella. Leedla. Es la voz hecha verso de una vida intrascendente y vacía, pero no menos importante que la de los demás. Nunca debemos hablar de una vida sin importancia ya que la importancia no está en las personas, ni en las cosas, sino que la conferimos a las personas, a las cosas, nosotros, los hombres.


Octubre de 1982

El autor.




JUSTIFICACIÓN (2016)




















Como consta en la Justificación anterior, publiqué mi primer libro, de título SÓLO UN HOMBRE en Setiembre de 1982 .Desde entonces hasta hoy, en que esto escribo, han transcurrido 34 años. Quiero volver a él de nuevo, con esta actual segunda edición, pues aunque he podido detectar el título de SÓLO UN HOMBRE en alguna librería, a través de Internet, se trata de un libro ya descatalogado.


Hoy, que he dado a conocer mi obra poética, utilizando esas plataformas de publicación digital que proliferan en Internet, he redimido del olvido 24 de los títulos que he escrito a lo largo de mi vida -81 años- que han permanecido inéditos en su mayoría y que todavía conservo, en mi biblioteca particular, caligrafiados con mi propia letra, encuadernados e ilustrados con imágenes y fotografías. Los 21000 versos repartidos entre 743 poemas y 20 libros, en 1982, han aumentado ostensiblemente: 36049 versos, 1450 poemas y 31, libros en 2016.


Porque me gusta escribir jamás he perseguido otros fines escribiendo pero mentiría si no admitiese que, en el fondo, tras de este aserto, subyace la socapa de una velada vanidad, el deseo legítimo de que algún día fuesen reconocidos y estimados mis trabajos literarios.

SÓLO UN HOMBRE es mi primer libro publicado en verso. Se trata de una breve antología de mis poemas escritos hasta 1982, entresacándolos de los mencionados manuscritos aludidos anteriormente. Hoy he querido darlos a conocer de nuevo, dando forma a esta segunda autopublicación, respetando los poemas que lo formaron entonces, pero añadiendo unos cuantos poemas más para lograr el número mínimo de páginas que se me exigía para la edición del libro.


Albacete 6 de Octubre de 2016.


El autor.





Los árboles no están solos

que están con sus sombras.

el alma sí que está sola.


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

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AUTORRETRATO


I. MAÑANA


Anochece y el sol de la mañana,

blandamente, metiéndose en mis ojos,

me da, con sus mejores mil sonrojos

la fe de una sonrisa nueva y sana


Llevo el hoy en mi afán y en mi desgana.

De ayer –ese ayer lleno de abrojos–

sólo quedan cenizas y despojos

sobre mi ansia de siempre, tierna y vana.


Buscaré los caminos de mi cumbre

por el cielo sin fin de mi esperanza…

Tenderé mi mirada hasta la lumbre.


¡Tengo joven el día! (¿Qué pujanza,

qué pasión, qué sentir, qué dulcedumbre

se abre paso a través de mi añoranza?)


II. TARDE


Atardece y las luces de la tarde

ponen miedos en mi melancolía.

Soy viajero en las márgenes del día

y en mi alma ya hay algo que no arde.


Un momento te tuve y en mi alarde

de sentirme contigo –sólo mía--

te me fuiste y mi mano tembló fría

de tu ausencia ,sintiéndose cobarde.


He llegado en el alba amanecida

- en mi cielo aún brillaba alguna estrella-

y estoy presto otra vez a mi partida.


(¡Oh, qué lejos estoy, qué lejos ella!)

Soy ese hombre que va tras de mi vida,

repetido, sin fe, en la misma huella.


III.NOCHE


Anochece y las sombras de la noche

se me enroscan como una sierpe aleve.

Tengo agujas de púrpura y de nieve

que me duelen adentro como anoche.


Y la angustia se me hace, al fin, derroche:

Un suspiro que se me evade, leve,

un instante eternal que pasa breve,

un adiós, una lágrima, un reproche…


En la bruma inconcisa de un abismo

lleno de álgida y fría vaciedad,

voy, a ciegas, buscándome a mí mismo.


Estoy solo en mi augusta soledad,

sólo yo, caminante, en el mutismo,

como ayer, como siempre, en mi verdad.


18 Setiembre 1965

Poema incluido en el libro ALBACETE.

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BALBUCEOS

1952 - 1957


LA MUERTE DEL REDENTOR.


"Perdónalos, Padre mío,

que no saben lo que hacen",

imploraba el buen Jesús

a su Santísimo Padre.


Pedía, lleno de amor,

amor para los cobardes,

amor para aquella gente,

que, algunos momentos antes,

pidiese su muerte a voces,

pidiese a gritos su sangre.


Ya el cuerpo de Cristo pende

del madero, vacilante,

y una corona de espinas

ciñe sus sienes sangrantes...

Está reinando en el mundo

con su corona flamante.


Jesús está concluyendo,

Jesús está agonizante,

Jesús ha muerto en la cruz

ante el dolor de su Madre.


Se entenebrecen los cielos,

comienza a gemir el valle,

comienza a temblar el suelo,

y se desbordan los mares,

y rugen fieros los montes,

y muere triste la tarde,


y nace fría la noche,

y lloran los animales,

y el hombre no se conmueve

porque ha muerto...casi Nadie.


Y Cristo, después de muerto,

está rogando a su Padre:

Perdónalos, Padre mío,

que no saben lo que hacen."


PARA MI TIENEN.


Para mí tienen

brujas las noches,

silfos los aires,

gnomos los bosques...

Sólo tú tienes

entes sin nombre.


POESIA.


Cuando yo te sentí por vez primera

eras vieja -tan vieja como el tiempo-.

Hoy, que no te conozco,

no te siento... Sólo eres balbuceo.


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CIEN SONETOS A AMOR

1957 - 1958


Esta obra, que escribí casi enteramente en Valencia mientras cumplía mis obligaciones militares, plasma, soneto a soneto, cien conocidos temas seleccionados de ese acervo inacabable que es la mitología griega.


HERO Y LEANDRO.

Hero, sé tú la dominante estrella,

que, rielando en el mar, alumbre Abidos,

en la noche sin luna y sin ruïdos,

mas, porque impera Amor, más grata y bella.


Sé tú la antorcha, luminosa huella,

que alumbre a Leandro hasta tus bazos, nidos

del fiel cariño en el que os veis unidos

y al que el furor paterno no hará mella.


Y si una noche la tormenta apaga

tu luz y, al día, los amados restos

te entrega, de su audacia, el Helesponto,


arrójate a sus aguas, donde él vaga,

desde tu torre de ilusión en Sestos,

para borrar penas y amores pronto.


EUROPA Y JÚPITER.


Costas de nácar donde el mar desmaya,

náyades lindas de inefable lloro,

noches de plata, amaneceres de oro:

Hablad al mundo de un amor sin talla.


Decid que Europa, en la ondulante playa,

quedó prendada del gallardo toro

-- hijo del Tiempo y amador sonoro –

nacido de la espuma que se acalla.


Narrad que sin recato y sin pudor,

jinete en sus espaldas relucientes,

dejó raptarse la hija de Agenor,


que no sabiendo de su ignota meta,

los labios de deseo sonrientes,

dejó quererse en la remota Creta.


JÚPITER Y GARAMANTIS


Humilla tu alta frente hasta la playa

y observa a Garamantis en la Libia,

blanca la carne que en caricia tibia

le seca el sol con su intangible toalla.


Invoca a Amor aunque su boca calla

y llama. ingenua, a la procaz Lascivia.

Ve tú, vidente Júpiter, y alivia

su sed por el placer en que desmaya.


Demuéstrale al Olimpo de importunos

dioses, ¡oh, Zeus!, tu razón y enconos,

que no impidieron tus amores Junos,


ni a tus hazañas estorbaron Cronos;

Fileos digan, Barbas y Pilunnos

que, tu poder obrando, hallaste tronos.


DIDO Y ENEAS.


Desde la Troya navegante olido,

en sus trirremes de ampulosas popas,

buscó el descanso a sus pertrechas tropas

en las costas del África, rendido.


Enamorada de su huésped Dido,

no la curaron espumosas copas

ni músicas románticas de Iopas.

en ágape de fe al barbián vencido


En holocausto a su pasión morbosa

diera al gentil por quien su amor suspira

su cuerpo sólo hollado por preseas.


¡Qué gran amor el que su amor rebosa,

el que prefiere, a su ansiedad, la pira,

en el azul confín perdido Eneas.


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SOLEDAD

1959


Mis primeros pasos en el campo de la poesía lírica están representados por POEMAS DE LUCES Y DE SOMBRAS (Albacete, 1956) y SOLEDAD (Albacete, 1959). En ellos se pone ya de manifiesto un sentimiento de soledad, que ha de ser, en adelante, el denominador común de mis poemas.


No he querido pasar de largo por esta etapa de mi hacer literario y he seleccionado para ello un extenso poema del segundo libro citado: SOLEDAD.


MUNDOS


-¿Qué tienes, poeta,

que sólo te afectan cantares del ave

y voces del agua

y silbos del viento?

¿Qué sientes, poeta?

¿Qué sueñan despiertos tus ojos inmóviles?

No sueñes…Regresa a mi mundo…


-¿Quién eres que turbas mi calma?


-Tu mundo tangible.

Tu mundo

de adioses, de otroras, de siempres, de nuncas,

y quiero llevarte conmigo, poeta.

Regresa a mi mundo…

No sueñes, poeta, no sueñes


-No puedo.

No quiero seguirte a tu mundo de adioses…

Yo tengo sonrisas adentro y se escapan.

¿No quieres seguirme?

Yo tengo, lejanos, países sin penas.

¿No quieres seguirme?

Veremos bañarse a las ninfas azules

en ríos de plata…

Veremos jugar con los juncos

del río de plata a las leves ondinas…

Veremos peinarse el cabello a las náyades,

en ríos de plata

y oiremos sus risas…

¿No quieres seguirme?

Veremos,

en bosque de plata,

los senos desnudos, los bucles de fuego,

de luz a las bellas oréadas…

¿No quieres seguirme?

Veremos, en bosques de plata,

correr rubicundas,

huyendo del viento, a las dríadas…

¿No quieres seguirme?

Yo tengo, lejanos, países sin penas.


-¿Qué miran despiertos tos ojos inmóviles

¿Qué tienes poeta, qué sientes?

¿Qué son tus palabras?

Tu mundo sin penas,

¿qué es?


-Poesía.


- No entiendo, poeta.

No sueñes. Regresa a mi mundo.


-No puedo…

No quiero seguirte a tu mundo de otroras.

Yo tengo, remotos, países sin lágrimas…

¿No vienes conmigo?

Hoy tiene la tarde su sol para mí

¿No vienes conmigo?

Yo puedo mostrarte quiméricos prados

de espuma

donde ornan sus galas con flores

las pálidas sílfides…

¿No vienes conmigo?

Yo puedo mostrarte las danzas convulsas

que, en prados de espuma,

tronando, ejecutan los silfos…

¿No vienes conmigo?

Yo puedo mostrarte los gnomos

que, en prados de espuma,

ocultan sus rostros,

cubiertos con barbas de nieve, en la yerba…

¿No vienes conmigo?

Yo puedo mostrarte

los gritos, en fin, de los duendes

que anuncian la noche…

¿No vienes conmigo?

Yo tengo, remotos, países sin lágrimas


-¿Qué miran tus ojos, poeta?

¿Qué sientes, qué tienes?

Tu mundo sin lágrimas,

¿qué es?


-Poesía.


-No sueñes, poeta, retorna a mi mundo.

Regresa…


-No puedo.

No quiero seguirte a tu mundo de siempres.

Yo tengo países sin muertes, ignotos…

¿No quieres seguirme?

Hoy tiene la noche su paz para mí

¿No vienes conmigo?

Veremos

cruzar por el cielo escarchado de estrellas,

furtiva, a Selene,

portando su beso amoroso,

buscando a su amado, que duerme

muy lejos, en gélida gruta…

¿No quieres seguirme?

Yo puedo mostrarte

castillos de brumas y nieblas

donde hacen sus pócimas negras,

de muerte, o sus filtros de amores

las brujas

de ralos cabellos y risas sin dientes…

¿No vienes conmigo?

Veremos,

flotando en los cierzos de nácar

-- sus cuencas vacías,

sus miembros de nada –

venir a los entes que pueblan la noche.

¿No quieres seguirme?

Yo tengo países sin muertes, ignotos…


- ¿Qué sientes, poeta?

¿Qué tienen tus ojos inmóviles?

Tu mundo sin muertes

¿qué es?


-Poesía


--No entiendo, poeta.

No sueñes.

Regresa a mi mundo…


--No puedo.

No quiero seguirte a tu mundo de nuncas.

Hoy tengo sonrisas adentro y se escapan,

se escapan…no puedo –no quiero – evitarlo.


--¿Qué tienes, poeta,

que sólo te afectan

cantares del ave

y voces del agua

y silbos del viento?


-- Yo tengo , lejanos, países sin penas.

Yo tengo, remotos, países sin lágrimas.

Yo tengo países sin muertes, ignotos…


--No sueñes, poeta.

Retorna a mi mundo.


--No puedo, no puedo…

Hoy sólo soy bruma…


--Regresa a mi mundo. Retorna a mi mundo

de adioses, de otroras, de siempres, de nuncas.


--No puedo…Hoy casi te ignoro.


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EL FUEGO Y EL FRÍO

1963


En toda vida humana hay una historia de amor. EL FUEGO Y EL FRÍO es mi historia de amor, un amor ya sepulto y olvidado que dejó un poso de melancolía en el alma pero que me inspiró estos cuarenta y dos poemas del citado libro y otros muchos que figuran en libros posteriores.

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LEVEDAD


Cuando el ruido generoso de la vida

que tú vives

se te meta muy adentro –hasta dolerte –

cuando busques un remanso

de silencio y de quietudes,

en la paz de tus umbrías pudorosas

búscame.


Cuando notes que el enojo colorea

tus mejillas

y las lágrimas acudan a tus ojos

y no tengas un amigo

que te escuche y te comprenda,

sobre el cálido murmullo de las frondas

háblame


Cuando sientas en tu alma deprimida

que no te aman…

Cuando sientas la punzada dolorosa

de la ausencia y necesites

un calor y una caricia,

en las auras y en los cierzos que te besan

bésame.


Cuando tengas una pena que te ahogue,

cuando tengas

un suspiro, una añoranza a cada paso

y estés triste…cuando pidas

una voz que te consuele,

en las brumas inconcisas del otoño,

llámame.


Cuando quieras un amor hecho de auroras

y de brisas…

cuando quieras un amor puro y sereno

de deseos y ansiedades

solamente, sin palabras,

en las nieblas de la noche misteriosa,

ámame

en las sombras caprichosas de la noche,

quiéreme.


AUSENCIA.


Se morirán cuando decline mayo

las mariposas,

desnudarán su pudibundo talle

las amapolas,

y los pinares dormirán sin trinos

y sin aromas

cuando te vayas sola.


Se me helarán las lágrimas sin brillo

sobre los ojos,

desterraré el placer de haber besado

tus labios rojos

y olvidaré tu amor y tu recuerdo,

tu nombre, ¡todo!,

cuando me quede solo.


TÚ Y YO.


I. TÚ


Suave espuma de irisados manantiales,

mariposa delicada,

primavera,

sol y día que deslumbran,

breve aliento de la rosa perfumada,

poesía:

Allí estabas, en el cielo de mi vida,

sonriéndome.


II. YO


Noche oscura sin estrellas y sin luna,

leve sombra desabrida,

paramera,

voz y queja que desean,

heliotropo que, sediento, se retuerce,

ansia eterna:

Allí estaba, en el camino de tu vida,

esperándote.


III. LOS DOS


Y emprendimos el camino de la gloria

Tú me diste día y luces…

Yo, mi noche…

Tú me diste todo el fuego

que corría como un rio por tu sangre…

Yo, el anhelo

generoso de tenerte…¡y de abrasarme!

contemplándote.


MIS HORAS TRISTES.


I

SOLEDAD.


Eran mis horas tristes...

Mi corazón estaba vacío de pretéritos

y yo me debatía

-penosamente ciego-

buscándole un camino a mi vida sin sentido,

sin luces, sin anhelos...


Eran mis horas tristes...


Y yo tenía miedo

-un día y otro día-

de ser el mismo hombre, sin rumbo y sin senderos,

cantando a cada paso un himno a la esperanza

que me bullía adentro,

un himno de grandezas, un ditirambo dulce

que yo tenía hecho

para el futuro día

que había de venirme, agradablemente nuevo...


Y así, cada mañana,

cuando la luz del alba llegaba hasta mi lecho

a despertarme, leve,

yo abría los postigos de mi ventana al cielo

azul de mi esperanza...


Hacía frío fuera, un frío casi fiero,

cruel y despiadado, que me atería el alma,

dejándola desnuda de voz y de deseos.

Mis ojos recorrían,

con mudo desaliento,

un cielo tenebroso sin soles y sin nubes,

hostilmente desierto,

un páramo sin flores, sin auras y sin pájaros,

un eternal invierno...


* * *

Eran mis horas tristes,

con mi ventana abierta, sin tregua, hacia mis sueños,

para que se me entrara aquello que esperaba,

melifluo, innominado, que siempre estaba lejos.


II

AMOR.


Y un día

llegó, misterioso y extraño...

Entrose en mi alma,

despacio,

lo mismo que un rayo de sol transparente, furtivo, callado...

y el himno que yo le guardé,

de esperanza, mi canto

de fe y de ilusiones,

temblome -al salir- en los labios,

como una paloma azogada

que escapa -buscando

la altura,

la luz- de mis manos...


Abrí mi ventana

y hallé un infinito remanso

de paz, de armonía...

Había clarores de lentos veranos,

murmullos de trigos al viento,

rumores de mares lejanos...


Habían perfumes y aromas que nunca

notaron,

que nunca sintieron los hombres...

Aquellos que fueron inhóspitos páramos

estaban repletos

de nítidos prados...

Habían pujantes, polícromas flores

y cálidos pájaros...


Y yo, como un niño que sueña

fantásticos,

quiméricos sueños de hombre,

huí de mi noche, turbado,

mirándolo todo con ojos suspensos de asombro

y de pasmo.


Y amé

la noche y el día, lo bueno y lo malo,

la vida y la muerte...

Viví enamorado

de todo y de todos,

porque algo -ese algo

tangible y hermoso que yo presentía-

llegó, misterioso y extraño,

y entrose en mi alma,

despacio, despacio,

un día

de mayo.


III

RECUERDO.


Pero arribó la noche

la noche sigilosa, preñada de secretos-

y se llevó mi gozo,

dejándome perdido e inconsolable, inmerso

en un brumoso mundo

inhóspito, sin fuego,

sin auras y sin flores, sin soles y sin pájaros...

Y me quedé sediento...


Hacía mucho frío y yo vagaba tenue,

como un vano fantasma, doliente o irredento,

como un rodal de niebla,

como un jirón de viento,

buscándome en las sombras del día y de la noche,

penosamente ciego...


Eran mis horas tristes...


Mi corazón estaba cansado de recuerdos,

cansado de andar tanto,

sin rumbo y sin senderos...


Eran mis horas tristes

con mi ventana abierta -¡sin tregua!- hacia mis sueños.


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ALBACETE

1968


Todos los poetas están obligados a cantar la tierra que los vio nacer. Yo también lo hice a través del libro ALBACETE. Catorce años han transcurrido desde entonces. Pero el Albacete de 1968 ha cambiado mucho con respecto del actual, sobre todo en su fisonomía, que es uno de los aspectos que se destacan en el mencionado libro.

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LA FERIA DEL RECUERDO.


Sonaste en mis primeros balbuceos

como una loa gigantesca, Feria.

Luego te vi flotando en la materia

como un sueño de luces y aleteos.


Te fuiste haciendo grande en mis deseos,

creciste menos frágil y más seria,

flor lujuriante de la periferia,

espuma de esplendentes cabrilleos.


Así te me metiste, así te evoco,

con la nostalgia trágica y aleve

de lo que se me va, de lo que pierdo.


¿Por qué has venido ahora, poco a poco,

a desvelarme, sigilosa y leve,

en la inefable noche del recuerdo?


CANCIÓN DE INVIERNO.


Soliloquio del agua golpeando incesante

sobre el toldo y la piedra, sobre el vidrio y la arcilla.

Albacete lluvioso, Albacete importante…

Corren lágrimas nuevas por tu seca mejilla.


Las desnudas acacias de tus calles vacías,

los pinares del parque, silenciosos y oscuros,

y tu pálido invierno de nostálgicos días

se han lavado y se quedan relucientes y puros.


¡Ay, mi alma sencilla, trasnochada de inviernos,

te me has ido soñando con la lluvia y la brisa

por caminos de nieve a tus abismos eternos

y me dejas el frío de tu leve sonrisa!


CALLE MAYOR


Humano cauce siempre bullidor,

indispensable arteria,

latido, corazón, fuego, materia,

impulso, fe, motor

de toda la ciudad: Calle Mayor.


A lomos de tu vieja arquitectura

cabalgan tus modernos edificios.

La luz del día, pura

se duerme entre los duros intersticios

de tu canción de piedra,

en tus rincones de penumbra y yedra.


Poesía de hierro y de cemento,

apáticos abrazos

de un cielo moribundo y descontento

rompiéndose en tu altura en mil pedazos.


Voces, prisa, calor,

vivos toldos al viento,

alegrías, luz, música, color,

laberinto y pasión: Calle Mayor.

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VEINTE POEMAS DE DOLOR Y MUERTE

1970


Mi madre murió cuando comenzaba la primavera de 1970. Su muerte me inspiró unos sentidos versos que componen el cuerpo de VEINTE POEMAS DE DOLOR Y MUERTE, “versos sencillos, como hago saber en el prólogo, brotados espontáneamente de mi alma solitaria y romántica, destinados a ser, como la vida propia, efímeros y vanos, pero que tienen, para mí, el valor enorme que le confiere a todos nuestros actos humanos e intrascendentes el sello humilde y limitado de nuestro poder creador.

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EL SILLÓN VACÍO


Tu sillón vacío,

solitario, grande,

no puedo mirarlo sin que se me hiele

la mirada, madre.


¡Cuántas, cuántas horas

tu mirada grave tras de los cristales!

¡Cuántas, cuántas horas,

sola, me esperaste!

Y cuando llegaba, lleno todavía

con el polvo blanco del camino, errante,

tú me sonreías y me reservabas

tu mejor semblante.

“Hijo, ¿por qué me haces esperarte tanto?,

¿por qué llegas tarde?”

Y las luces febles del invierno largo

de Albacete estaban ardiendo en las calles

a pesar de todos

tus reproches, madre.


Tu sillón vacío,

viejo y confortable,

no tendrá ya nunca ese calor humano

que supiste darle…

Yo no sé mirarlo

sin tenerte, madre…

Yo no sé mirarlo

tan extrañamente solitario y grande,

tan sin ti, tan triste, en su rincón oscuro…


Tu sillón vacío ya no tiene a nadie.


REMEMBRANZAS.


Entre los viejos, caros recuerdos

de mi lejana,

de mi difícil, ardua y absurda

perdida infancia,

quiero encontrarte

como un remanso de claras aguas,

quiero encontrarte

como una umbría fresca y amada,

quiero encontrarte

como una bruma cálida y blanda...

Pero no puedo...

Tu sombra vana

se me hace polvo, se me hace viento,

se me hace nada

cuando la fe de mi fantasía

va adivinándola...


Yo no sé, madre, donde has guardado

tus irredentas horas pasadas,

tus horas idas

y no encontradas...


Quiero pensar que me sonreías

con esa limpia sonrisa franca

de madre joven,

que me cantabas

esas canciones ingenuas, dulces,

como las madres saben cantarlas,

que me reñías...

y que llorabas

-¡llorabas, madre!- por los rincones,

incontenibles, amargas lágrimas...


Tus horas idas...

¿podré encontrarlas?

Entre los viejos, caros recuerdos

de mi difícil, absurda infancia,

sólo hay tinieblas, inconcreciones,

leves nostalgias,

brumas confusas...

Apenas nada...

Pero te intuyo, débil y fuerte,

rebelde y mansa,

libre y triunfante,

de tus postreras, dolidas trabas...


Hasta aquí llegan los dedos febles

de mis telúricas remembranzas...

Me encuentro a oscuras,

camino a ciegas, sin la esperanza

de hallar un día

tu rostro amable, tu sombra amada

de madre joven...

Unas caricias adivinadas,

unos reproches, unas sonrisas...

Apenas nada...

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ANDAR…

1972- 1973


Hay veces en la vida en que la monotonía preside nuestros actos y los horizontes se estrechan hasta causar en el alma un estado de angustia, de ansiedad. Es ese momento en nuestra andadura terrenal en el que ya se han remansado los sentimientos. Entonces no nos resta sino andar…


ANDAR… es un libro que cuenta el tránsito de una vida –la mía—a través de 365 días sin relieve, sin más ambición que la de dejar tras de sí la humilde huella de su paso, plasmada en ciento seis poemas, de los cuales selecciono los siguientes:

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ENCINA.


Encina polvorienta,

perdida en la besana pardusca del camino,

tan sola, tan aislada,

vecina de las noches sin luna del invierno,

cobijo de las aves que duermen en tus ramas

su sueño nocherniego,

lira del viento duro que barre la llanura,

amiga de las nieves,

amante de las lluvias:

¿Quién piensa que es castigo tu soledad de siempre?

¿Quién piensa que te duelen tus ínclitos silencios?


Yo pienso, encina recia,

encina polvorienta, dormida, solitaria,

en tu ancha, inmarcesible, gloriosa soledad.


YO PASO,


Amar, ¿para qué amar?,

¿por qué ir amando todo, corazón,

si Dios te va poniendo en el camino

fronteras dolorosas?

Yo paso, paso siempre…

Mi corazón se queda…


Amar, ¿para qué amar si voy dejándome

un poco de mi amor en el camino,

un poco de mí mismo

que ya no volverá a ser mío nunca?

Mi corazón se queda.

Yo paso, paso siempre.


SEGUIDILLA


No bajes la mirada

cuando te mire.

¿No sabes que mis ojos

quieren decirte


lo que mis labios

a fuerza de morderlo

tienen callado?


VIENTO DE MAYO


Es mayo.

La hora del sol denso, del sol fuerte.

El viento sopla en la llanura

y arranca el polvo de la tierra seca.

Es un viento monótono

que aún hace más confusos

los reverberos de los horizontes.

Es un viento caliente

que dobla las mieses verdiamarillas,

que deshoja las delicadas amapolas…

…Todo lo ven mis ojos entreabiertos,

cegados por el polvo del camino.


Me pesan el cuerpo y el alma.

Me va venciendo el sopor dulce de la siesta.

No tengo voluntad.


Es mayo.

La hora del sol denso.

El viento sopla en la llanura.

Me va pesando el alma y no la siento.


LEVEDAD.


Mis ojos sólo abarcan un infinito azul,

el mar se me hace cielo,

las naves, gaviotas de reposado vuelo.

El mar está tan alto…

el cielo está tan cerca…

No me busquéis en mí.

No estoy dentro de mí,

que estoy en ese punto fugaz y peregrino

del cielo, de la brisa, del mar y de la nube…

No me busquéis ahora.

Dejadme vagabundo, viajero, así, en mi sueño.


TE AMARÉ.


Te amaré siempre.

Te amaré por encima de todas las cosas.

Y nunca lo sabrás,

y no lo sabrá nadie.


Te besaré en silencio, apasionadamente,

y te querré en mis noches solas

y nunca lo sabrás.


Te llevaré conmigo.

Te iré enseñando mis caminos más difíciles.

Y te tendré a escondidas,

y no lo sabrá nadie.


Te amaré siempre así.

Te necesitaré sobre todas las cosas, siempre.

Y nunca lo sabrás.

Y no lo sabrá nadie.


NO PUEDES AMARME.


Yo sé que no puedes amarme,

que no podrás amarme nunca.

¿Acaso brota la flor nueva

para ser orna de la noche?

¿Acaso sueña sueños de hombre

tu desnudez joven, de niña?

¿Acaso un corazón cansado

puede ofrendarte fuego y sangre?


Pero me haré sonrisa cuando pases,

aunque me llore el corazón por dentro.


ALMA AVENTURERA.


¡Pobre alma mía, aventurera,

amiga de la luz, del aire y la montaña

que te me vas quedando en la chopera del camino,

en el lecho del río pedregoso,

en los ojos del puente,

en la verde ladera!


¡Pobre romántico corazón mío,

mi corazón de niño,

que te me vas quedando con el día,

con el silencio y con la soledad del día,

con la ancha tarde que se va muriendo lenta,

mientras el alma se me duerme en ella!


OTOÑO.


Hay principios de otoño que parecen muertes prematuras,

árboles de verdes tristes enmarcados en un celaje de oro,

atardeceres suaves donde el alma melancólica se mece blandamente,

céfiros que clavan en la carne estremecida sus agujas de nieve.


Yo voy como un viajero apátrida sobre todos mis inútiles otoños,

cada setiembre vuelvo a estrenar una nueva intimidad recién nacida

y me duele el tiempo que me ha ido haciendo viejo poco a poco

y me llenan de un vago temor indefinible los años que me quedan.

¿Hasta cuándo, Señor, el alma sola?

¿Hasta cuándo este peregrinaje errante por caminos sin luces?

¿Hasta cuándo este eterno transcurrir absurdo, intrascendente, vano

¿Hasta cuándo, Señor, estos otoños que me duelen como muertes prematuras?


HOMBRE.


Fuiste hecha para mí desde el principio de los tiempos.

Cuando aún nada había escrito sobre la superficie de la tierra,

ya éramos tú y yo.

Tú, ansia eterna de senderos irredentos y difíciles,

yo, huella dolorosa de tu esencia,

materia que va hundiéndose en las densidades, poco a poco.

Tú, sueño furibundo que desborda las barreras,

yo, solamente carne estremecida,

pecado impenitente cada día

por todo aquello que no tengo y que aún espero,

por lo que voy perdiendo, bueno y malo, en este viaje sin retorno.

Tú, espíritu errabundo

sin tiempo y sin medida,

yo, sólo un hombre

que tiene andado ya tanto camino


AMOR.


Amor:

Has nacido sin alas,

has nacido a destiempo,

como un logro tardío de todos mis sueños.

Y ahora vagas sin rumbo

-- como una mariposa del invierno

destinada a morirse lentamente --.


Amor,

tallo reverdecido en un árbol caduco:

No debiste nacerme,

no debiste salirme,

no tenías derecho…


Amor:

Sé callado, sé manso,

no quieras encumbrarte

con tus alas de viento.

No inventes rumbos generosos

donde hay sólo caminos imposibles,


MI PRIMAVERA.


Brotará una nueva primavera

como todos los años, puntual,

la intuyo en el viento

que sopla en la llanura.


Pero, ¿dónde estará mi primavera?

-- la mía, solamente –

la que hacía crecer cien flores nuevas,

cien sonrisas, cien rimas en mis manos


NOCHE.


No estoy solo, la noche está conmigo

y un poema que no quiere nacerme.

Una luna amarilla, casi verde,

se deslíe en un mar lleno de astiles

y se rompe en millones de fragmentos.

Voy oyendo mis pasos quedamente...


No voy solo, la noche va conmigo

y un poema que no quiere nacerme.


POSTERIDAD.


¿Qué habrá tras de mi tiempo,

del tiempo que me ha sido señalado?

¿Cómo podré dejar la huella de mí mismo

desde el desconocido allende del no ser?

¿Cómo encontrar caminos de perdurabilidad

solo con las razones de los hombres,

que son telúricas,

finitas y perecederas?


¿Cómo al morir podré dejaros algo

que os mueva a amarme un poco,

que os hable de este pobre sentimiento mío

que me ha hecho amar y amarlo todo?


¿Cómo podré vivir después de muerto

dentro del corazón de aquéllos que amé tanto?


No soy más que mi voz escrita.

Tomadla. Yo os la lego para siempre,

sencilla, con la seda temblorosa de mis versos,


TE QUISE MUCHO.


Te quise pronto

porque creí intuir tu alma abandonada

gemela de la mía.

Por eso te amé tanto.

Te quise mucho

porque tenías soledad.


Hoy, al cabo del tiempo,

vuelvo a encontrarte.

Ya no tienen tus ojos

la mirada perdida de antaño

y en tus manos de hielo florecieron las rosas.

Hay luces nuevas

en tu viejo camino de sombras.


Me equivoqué.

No amé tu soledad sino la mía.

Me amé a mí mismo amándote.


PLACIDEZ.


No querer. No saber.

Dejar pasar las horas lentamente.

Encontrar los ratos perdidos

en un momento de aislamiento,

entre el monótono chirriar de las cigarras,

el murmullo del río que se va

y el ardoroso sol de la canícula.


No querer. No saber.

Hacer eternamente mío este momento,

olvidarme de la muerte que llevo dentro,

y de todo lo que me hace perecedero


…Cerrar los ojos,

sentir la plenitud del sol sobre los párpados

la quemazón del sol bajo la piel curtida,

la caricia amable del agua…


No querer. No saber.

Acostumbrarme con mi soledad de siempre.


PASAR.


Pasar

sobre los sueños que no pasan nunca…

Vivir

sobre la muerte que llevamos dentro…

Y amar…

Amar para olvidar que estamos solos,

amar para olvidar nuestro silencio,

amar para llenar nuestro destierro.


¿Por qué la fe?

¿Por qué la fe en lo efímero y finito?

¿Por qué el dolor?

¿Por qué el dolor que no ha de redimirnos?

¿Por qué la luz?

¿Por qué la luz que nos concede y quita

este soplo de vida tan absurdo?


Y, mientras, paso, vivo y amo

y tengo fe y dolor

y ando a tontas y a locas, sin sentido,

por mi rodal de luz, que es solamente mío,

aterradoramente mío.

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PEREGRINAJE DEL ALMA SOLA

1975


Uno de mis pasatiempos favoritos es viajar. Me gusta hacerlo porque ello es un motivo para escribir. En la Introducción de uno de mis libros – VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA – he escrito: “Los caminos de los sueños son múltiples: La naturaleza, la mujer, la contemplación de una obra de arte, el sabor de una leyenda, el misterio emanado de un monumento, de una ruina, de la Historia misma”.


PEREGRINAJE DEL ALMA SOLA es un libro que escribí durante el verano de 1975, en el que desplegué una gran actividad viajera. Está escrito en prosa por lo que sólo he seleccionado un poema del mismo al que he conferido forma poética, versificándolo para este fin y para que pueda ser incluido en el presente libro.

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LLAMADA.


Yo sé de tu mirada vacía y melancólica.

Yo sé de tus suspiros breves y subrepticios.

Yo sé de tu rostro inmóvil y serio.

Yo sé de la palidez de tus mejillas.

Yo sé, mujer, en fin,

de tus calladas y recién nacidas penas de amor,

de tus imposibles sueños de amor,

de tus inalcanzables ilusiones de amor.

Yo sé, mujer,

de tus aflicciones,

de tus deseos,

de tus desvelos,

de tus éxtasis,

de tus melancolías…


Desde aquí,

desde la oscuridad de mi profunda noche,

desde el rincón oculto de mi corazón enamorado,

desde el humilde estadio de mi pensamiento,

desde la más desgarrada herida de mi infinita soledad,

te llamo,

te llamo con mi voz inaudible,

con mi voz hecha de jirones de viento,

con mi voz hecha de rodales de luz

con mi voz hecha de rayos de luz,

de espumas iridiscentes,

para que pueda ser escuchada.


Y es mi llamada un grito de mí hacia ti,

un eterno buscarte,

un lamento enloquecido,

un deseo vehemente de tenerte,

un anhelo generoso de entregarme.

Y es mi llamada un soplo que quiere penetrar en ti,

que desea entrar en tu corazón,

sin mancharlo,

para musitarte, quedo:

Si me necesitas, llámame,

si me quieres, óyeme,

si me amas, sígueme.

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VERSO DE ATARDECER

1977 - 1978


VERSOS DE ATARDECER es un conjunto de poemas breves -- ciento once – que escribí en la tranquilidad de las tardes declinadas, en los alrededores de Albacete, en el solaz y el silencio del campo, inspirados por ese sentimiento noble, altruista, resignado, de la renunciación inevitable por todo aquello que se va quedando atrás.


Es un libro-manuscrito de características parecidas a ANDAR…

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NO VOLVER LA MIRADA.


No volver la mirada atrás, Señor.

Que el camino que aún tengo por andar

sea un pálpito, un verso y un dolor

por los sueños que no han de retornar…


¡Hace ya tanto tiempo del amor…!


SOLAMENTE ESTAR.


Estar.

Estar solamente

-- dormida la voluntad,

ausente la certidumbre,

tranquila la soledad –

en la luz, cada mañana,

en la luz y en el pasar

de la luz, todos los días…

Y no saber…no pensar

en la jornada que resta.


Estar.

Solamente estar.


PUREZA.


Cuando venga otra vez la primavera

posaré la mirada en su hermosura

y no la encontraré como antes, pura.


Yo sé que no será como antes era.


LIBERTAD.


Vientos azules, diáfanos,

que me hacen cerrar los ojos,

que hacen saltar los cerrojos

de tanta mediocridad.


Sol sin fronteras. Distancia.


Caudal que se precipita.

Mar que no cesa…

¡Bendita,

bendita mi libertad!


ORACIÓN.


Señor: que nunca me falten

mares, vientos, aves, fríos,

primaveras, alboradas,

noches, días, soles, ríos…

Y que no se cansen nunca,

Señor, corazón, sentidos,

ansia, fe, perseverancia…


¡Que no me falte el camino!


VIVIR.


Amar la vida es amar

la soledad que hay en mí,

los versos que no escribí,

los sueños que he de soñar.


INCERTIDUMBRE.


De tanto mirar la cima

dorada de la montaña

tengo hecha frunce la frente

y ciega ya la mirada.


Espinos me voy dejando

monte abajo y adivino,

deslumbrado por el sol,

monte arriba más espinos.


BAGAJE.


Me enterraréis un día

lo mismo que el que entierra

la vana carga, la ilusión vacía,

la inútil fe, el dolor, mas no habrá tierra

que pueda cubrir toda

la soledad de mi peregrinaje

y la magnífica oda

de amor que iré dejándome en el viaje.



CREDO.


…Soñar lo que ya soñé,

querer lo que ya no puedo,

inventar lo que ya fue:

Esto es mi Dios y mi credo,

lo que hace humano mi miedo,

lo que hace bueno mi fe.


PASAR.


Ser nieve perpetua o ser brasa.

Ser noche irredenta o ser día.

Pasar con el agua que pasa.

Quedarse en la tierra vacía.

Ser ave o ser árbol. Ser viento.

Ser onda. Ser ala…


Matices.


Yo quiero ser voz, movimiento,

No quiero ir echando raíces…


HUELLA.


No me pesan las horas

que se me han ido,

solamente pesan

las que he perdido.


Porfío a ciegas:

No me duele el camino

sino la huella.


¡OH, VEN SI HAS DE VENIR!


¡Oh, ven si has de venir! ¡No te demores!

La noche llega pronto y tengo prisa

que aún tengo para ti los cien temblores

de mi primera inédita sonrisa.


SOSIEGO.


El camino polvoriento

sube y sube por la roca.

Un pino añoso se aboca

desde la cima.

Y el viento

susurra su azul concento.

Más abajo suena el río

por el olmedo vacío.


Todo: la roca, el sendero,

la encina, el río, el albero…

todo lo llevo por mío.


OLVIDO.


Se pasará la vida,

se nos vendrá la noche con su velo

negrísimo. Y la bruma

nos cubrirá los ojos con la pluma

de una nostalgia suave, incomprendida


Tú te me irás ligera

para ser sólo un átomo del cielo

y yo me quedaré en el vasto suelo,

mirándote partir.


Solos los dos.


Será el triste morir.

Tú, en azul, y yo en la paramera.


CUANDO VUELVAS.


Te fuiste en un crepúsculo de abril,

furtivamente, sigilosamente,

calladamente…


Te volviste hostil.

¡Qué solo me dejaste entre la gente!


Cuando vuelvas – si vuelves algún día --

regresa con el rayo azul del alba,

que no llegue la noche pronta y fría,

que pueda yo tenerte hermosa y salva


PASAR Y NO REGRESAR.


Río que nunca desmayas,

apátrida y errabundo,

viajero fácil de un mundo

hecho de amores y playas


Siempre pasar y pasar

-- alma que te quiero río,

río que te quiero mío --.


Pasar y no regresar…


ALMA.


Alma, hasta el fin apátrida

y aventurera,

no sueñes más estrellas

sobre la tierra,


no te acostumbres

con esa fe que enciende

todas tus lumbres.


MUSA.


No pases a mi lado

fingiendo adioses,

si sabes que me dueles

en mis canciones.


Si eres el verso,

la luz y la palabra

de mi ancho sueño.


SI PUDIERA.


¡Ay, si pudiera quedarme

con lo que se queda atrás

y no volver nunca más!

¡Ay, si pudiera llevarme

palabras para encontrarme

conmigo mismo en el lento

peregrinaje! Las ciento

que sólo mi pluma sabe

me llevaría: Sol, ave,

camino, voz, ola, viento…


PAISAJE.


Pasar, pasar…Campo mío de hogaño,

triste ya por el tinte del otoño.


Pasar, pasar, como si fuera extraño,

siendo raíz que ahonda, agraz retoño,

tronco recio que crece solitario

sobre el polvo del llano, en la besana…


Pasar, pasar, como si yo, mañana,

ya no pudiera verte único y vario.

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ROMANCERO MANCHEGO

1978 -- 1979


En uno de mis libros he escrito: “ Yo he nacido en Albacete Soy manchego. Mi tierra, que no posee la dulce y tierna melancolía de Galicia, ni la gloriosa vetustez de Castilla, ni el mágico encanto de las cálidas tierras mediterráneas, tiene, sin embargo, la grandeza inmarcesible de sus limpios horizontes”.


ROMANCERO MANCHEGO es una loa a La Mancha: sus paisajes, sus gentes, sus pueblos… Cuarenta romances lo componen, cuya plasmación no fue tarea fácil, porque La Mancha es agresivamente uniforme en su anchura inconmensurable. Todos sus pueblos son un calco irremediable de un patrón único. El paisaje se repite siempre en su asombrosa horizontalidad sólo interrumpida por la verticalidad de un pino solitario o por la roma y cetrina silueta de una encina aislada.

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ABRIL.


Que abril ha venido ya,

que abril está ya presente.

Lo dice el almendro en flor

y lo dice el llano verde.


Que abril está ya en La Mancha.

Lo sabe el campo y se prende

su toca de margaritas

y de romeros silvestres


. Que abril está en los caminos.

Y lo inventan las solemnes

alboradas luminosas,

los lentos atardeceres

de la inhóspita llanura,

de los eriales silentes.


Que abril está ya en la rama

y en el tallo. Lo presienten

los olmedos, las choperas,

los encinares, que hienden

el aire azul con sus copas

verdeando renacientes.


Que abril ha venido ya,

que abril está ya presente.

Lo intuye mi corazón,

mi corazón que no quiere

pasar sin dejar un poco

de la alegría que tiene-


CAMINOS.


Caminos solos, caminos

desnudos de toda entraña,

caminos como festones

del campo y de la besana,

como nervios amarillos

de la tierra roja y parda

que se pierden, que se buscan,

que se hallan en la distancia,

que se abrazan amorosos

en la aldea calcinada

o en el albo caserío

sumido en la lontananza.


Caminos blancos, caminos

polvorientos de La Mancha

que nunca se sabe donde

comienzan ni donde acaban,

caminos viejos que van

haciéndome niña el alma

de cien recuerdos dormidos

y cien luchas olvidadas.


Caminos que siempre son

verso azul, recia palabra,

latido grandilocuente,

breve grito, mansa lágrima,

ventana abierta hacia el sueño

ya imposible de mi infancia.


Así son, así los quiero

Los caminos de La Mancha


OTOÑO.


¡Qué triste se queda el llano

tan infinito, tan grande!

¡Qué inmensa y pálida muerte

la muerte de cada tarde!

¡Qué soledad amarilla

la soledad de los árboles!

¡Y qué nostalgia más ancha

la que se mece en el aire

puro y limpio de La Mancha


Es el otoño que cubre

de dulcedumbre el paisaje,

que va tiñendo las altas

lejanías de oro y sangre,

con la llama mortecina

de un sol abúlico y suave,

que va cegando el sentido

de soñolientos celajes.


,,,¡Qué triste se queda el llano!

¡Qué inmensa y larga la tarde!

¡Qué soledad la del árbol

¡Qué soledad la del aire!

¡Qué soledad la del alma

que sueña sueños tan grandes,

tan inasibles, tan bellos,

tan aéreos que no caben

en el poema de otoño

que está temblando en mi carne!


PLAZAS.


Plazas, plazas luminosas

de los pueblos de La Mancha,

tranquilas, evocadoras,

llenas de sol, amplias, blancas.

Plazas de regias mansiones,

de típicas balaustradas

de madera y soportales

de arconadas castellanas.

Alguna fuente escondida,

con cuatro caños, sin agua,

donde juegan los chiquillos.

Un reló que ya no marca

las horas, mostrando altivo

su esfera deteriorada

sobre el sobrio frontispicio

del Ayuntamiento.Plazas

tranquilas, evocadoras,

de los pueblos de La Mancha.

Iglesias de torre antigua

y de grácil espadaña

donde aún repican los sones

agudos de las campanas

doblando a muerto en las tardes

silenciosas, grises, largas,

o anunciando el mediodía

tañendo el ángelus. Plazas

amplias, blancas, luminosas.

de los pueblos de La Mancha,

llenas de verdes jardines,

de quijotes y de panzas

y de ruidos que no cesan

y de pájaros que cantan,

o llenos de soledad,

vacías, tristes, calladas,

llenas del sol del estío,

del hielo y de las escarchas

del invierno duro y recio

del llano.


¡Plazas! ¡Ay, plazas

solitarias, luminosas,

de los pueblos de La Mancha,

cómo anegáis de recuerdos,

de sueños y de nostalgias,

mi corazón de viajero,

de peregrino, que pasa,

dejándose en el camino

jirones de luz del alma!


LA ABUELA.


Con la mirada vacía

posada en la roja tierra

y las manos en el halda,

mira a .lo lejos la abuela.


No se sabe lo que mira.

No se sabe lo que piensa.


Sentada pasivamente

sobre una silla de anea

recorta su cuerpo, grave,

sobre el marco de la puerta

del encalado corral,

en las últimas callejas

de la aldea. No se sabe

lo que mira. Sólo espera


¡Cuántos inviernos descansan,

pienso, sobre su cabeza!

¡Cuánta nieve se ha dormido

sobre sus sienes de cera!


Bajo la santa ignorancia

que es patrimonio y herencia

del campesino, subyace

lo mejor de su alma buena,

su instinto sano de madre,

su corazón de manchega,

grande como la llanura,

sencillo como la tierra

donde ha alumbrado a sus hijos,

donde han de enterrarla a ella.


Unos chiquillos morenos

y desnudos corretean

por las calles soledosas,

por la plazuela desierta.


Negro corpiñuelo, negro

pañolón y saya negra,

con la mirada vacía

mira a lo lejos la abuela.


¿Piensa, quizá, en tantos hijos

que ha parido y que están fuera,

hijos que fueron la dicha

de su juventud primera,

los que llenaron de luces

su lejana primavera?

¿Piensa en el esposo muerto

a quién amó con la fuerza

primitiva, ruda y única

de su sentir de doncella?


¿Piensa, acaso, en la pujanza,

perdida ya, de otra época,

cuando aún no le dolían

en los huesos la pelea

tenaz y dura del campo,

ni los soles ni la brega

constante de cada día,

ni la lucha ni la entrega…?


Tiene las manos posadas

en el halda, manos viejas,

manos grandes, sarmentosas,

única y ruda herramienta

que supieron hacer toda

la recia y sobria tarea.


Con la mirada vacía

mira a lo lejos la abuela,

negro corpiñuelo, negro

pañolón y saya negra.


No se sabe lo que mira.

No se sabe lo que piensa…


Unos chiquillos morenos

y desnudos corretean

por las calles solitarias,

por la plazuela desierta

de la aldea,


No se sabe

lo que mira. Sólo espera


MANZANARES.


¡Qué inmensos llanos los llanos

por tierra de Manzanares!

¡Qué vasta canción de viñas!

¡Qué poema de trigales!


Huellan su fisonomía

de mieses y secarrales

las carreteras que van,

cruzando de parte a parte,

de Andalucía a Castilla,

de Extremadura a Levante.


Y extendiéndose en la anchura

de lindes inabarcables,

se encuentra el pueblo, sencillo,

tranquilo, callado, grande,

con todo el sol de La Mancha

reverberando en sus calles.


La soledad de los campos,

la desnudez del paisaje,

se revisten en octubre

de la luz dorada y suave

de las uvas maduradas

en el sueño de la tarde

melancólica y perdida

y parecen embriagarse

de postreros resplandores,

de fragancias otoñales,

el sol de las lejanías,

la redondez de los aires

que hacen que sean más llanos

los llanos de Manzanares

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SONETOS IMPROMPTU

1980 - 1981


Este libro está compuesto por cincuenta sonetos en los que he abandonado patrones anteriores, sobre todo de forma, para escribir algo nuevo en mi trayectoria poética, usando un vocabulario rico en adjetivos, colorista, ampuloso, a veces artificial, olvidando la llaneza y sencillez humanas de los anteriores poemas.

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A UNA ESTRELLA.


Estrella vesperal, metalescente,

latido vacilante, tremulento,

del ácrono, inextenso firmamento,

abléfaro fulgor, guiño insistente.


¿Qué tienes en tu pálpito ignescente,

nacáreo, lejano, friolento,

pulsátil, albodáctilo, que siento

salírseme de adentro, vehemente,


romántica y ligera, el alma sola,

prendida en tu esotérica aureola

de luz inalcanzable y argentífera?


¿Qué encierras en tu entraña incombustible

que el alma, cada vez más inasible

se va tras ti, noctívaga y astrífera?


A LA MUERTE.


Dama blanca, furtiva compañera,

que velas tu cuitada amarillez,

tu torva faz, tu enética yertez,

con ese palpitar de vida artera.


No estás en el camino, airada y fiera,

como una parca de acre escualidez,

no estás en el camino, como un juez

de frunce terrorífica y severa,


ni portas falce ni sudario vistes,

que estás, incompasiva, dentro mismo

de las entrañas, nigrescente y bella,


que alientas en la humana fe, que existes

enmascarada en ácrono quietismo,

dentro del corazón, marcando huella.


AL HUMO DE UN CIGARRILLO.


El humo azul del cigarrillo hiende

la atmósfera en undívagas, esféricas,

informes espirales esotéricas.

Ora se enrosca ingrávido y asciende


como un trasgo irredento, como un duende

de transparente crin, de alas quiméricas,

que va desliéndose en celéricas

volutas en las sombras y se extiende.


El humo danza y danza, gira y gira,

compone mil figuras inasibles,

como un Proteo en ciernes, lleno de ira,


buscando caprichoso, leve, aerícola,

por rumbos ignorados, imposibles,

un lecho de blandura alto y celícola.


A UNA AMAPOLA.


Onda de sol vivísima, aureola

de nítido color, cárdeno rayo,

copo flamígero en el débil tallo,

vómito rojo de los trigos, ola


de luz de los linderos, amapola,

nacida en la calígine de mayo

para ser pronto lánguido desmayo,

soplo fugaz, efímera corola.


.Eres la poesía de los campos,

el verso lujurioso, la sonrisa

de los caminos polvorientos, ampos.


Eres el alma toda, la belleza

del secarral ayuno. Eres la brisa

breve y gentil de la naturaleza.


A UNOS PECES de COLOR


Requiebro nacarino en el acuario,

buriel destello, nadador versátil,

pompa de luz undívaga y pulsátil,

giro azuloso, consuetudinario.


Flotante aljófar en las algas, vario

piropo, verso aurífero y errátil,

suspiro saltador, capricho acuátil

surgido de un crisol imaginario.


Los peces de colores, en la pura

y acarminada luz de los neones

son como trasgos fúgidos y aviesos,


son como duendecillos juguetones,

como entes revoltosos y traviesos,

que danzan en la estancia ancha y oscura.


AL FUEGO.


Flamívoma la entraña, inconsuntible

la lengua, el corazón armipotente

y el halo una corona flavescente,

aurígera, giróvaga, inasible.


Eres el Fuego acrónico, irascible,

del cosmos increado e ignescente,

eres la férula reviviscente,

letífera, del báratro terrible.


Eres pálpito y luz. Nunca reposas.

Eres la propia esencia de las cosas,

a un tiempo dulcedumbre y desabor.


Estás en la materia, vivo o inerte,

hostil e insuave, pero redentor.

Lo mismo das la vida que la muerte.

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ESTAMPAS

1981 - 1982


La última de las obras glosadas en la presente selección es un libro-manuscrito recientemente terminado, ESTAMPAS, y que todavía llevo esbozado y emborronado en el cuaderno de notas que siempre me acompaña en el bolsillo. No he querido sustraerme a la tentación de incluir aquí algunos de los ciento veintitrés poemas que lo componen

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GOLONDRINAS.


Aún se ven revolando

por la campiña

del otoño manchego

las golondrinas.


Caballeros del cielo

de oscuros fraques

son el alma del yerto

y alto paisaje.


Alas negras, brillantes,

los pechos blancos,

ahorquilladas las colas,

pasan piando.


En sus cantos reviven

suaves nostalgias

porque están pregonando

que ya se marchan.


Y otra vez la llanura,

triste y vacía,

cuando ya se hayan ido

las golondrinas.


LA FRANCESA.


La chica de ojos castaños,

menuda, vivaz, inquieta,

simpática y pizpireta,

tiene sólo veinte años


La chica a todos agrada.

Reparte besos, cariños,

saludos, risas y guiños.

Para mí no tiene nada.


(Santander. Residencia de Estudiantes)


MARINA


Una bruma

Pertinaz

desdibuja el

litoral.


Las barquitas

- tris, tris, tras -

bambolean

en el mar

sus panzuelas

de argentán.


El musgoso

roquedal

de la playa

de cristal

muestra al frío

bajamar

su desnuda

soledad.


Cielo y bruma,

bruma y mar

se confunden

más allá.


Hay un torpe

revolar

de gaviotas

- tris, tris, tras -

en la brisa

matinal.


(Foz)


LA VENTANA


.De todos los rincones

que me son gratos

prefiero la ventana

de mi despacho.


Me gusta abrirla al día

siempre que escribo

sin trabas de cortinas

ni de postigos,


sentir entre el tupido

bosque de antenas

ese rodal pequeño

de cielo afuera,


oír cómo repican

en los cristales

las lluvias del invierno y

los vendavales,


mirar cómo los rayos

del sol poniente

llenan de luz los lentos

atardeceres,


notar cómo aletean

y cómo trinan

en la alta primavera

las golondrinas,


y ver en la ancha noche

fulgir, ignotos,

los astros mientras suena

Chopin de fondo.


¡Ay, cuántas, cuántas veces

se me ha ido el alma,

sin yo sentirla apenas,

por la ventana.


EL NIÑO Y EL GLOBO


Con cariño,

con arrobo,

todo guiño,

mira el niño

su aéreo globo.


El querube

viaja y viaja

con su alhaja

cuando sube,

cuando baja..


Y delira

de contento

cuando vira,

cuando gira

con el viento.


Tanta ronda,

tanta tienta

violenta,

que en una onda

se revienta.


Y el pequeño

se ha enfadado.

Frunce el ceño.

Se ha quedado

sin su sueño.


PUENTE DE ARRASTUA


Apacible,

silencioso,

caudaloso,

sin edad,

ya con porte

marinero

besa el Duero

la ciudad.


Pintorescos,

desde el puente,

sugerente

mirador,

se descubren

lanchas, río,

caserío

pescador.


Mil coladas

Ondeando

flameando

cara al sol,

callejones

recoletos,

vericuetos

y color.


(Oporto)


MEDITERRÁNEO.


Gira en el viento

la barquichuela,

sobre la estela

de luz solar.

Brilla, reluce,

se contonea,

se balancea

sobre la mar


Como un destello

de luz remota,

la gaviota

se ve volar.

Se agita y baila

como sonrisa

que va en la brisa

leve del mar.


Cabe la orilla,

como una diosa

maravillosa

de espuma y mar,

está la chica

que es un encanto,

que tanto, tanto

me hace soñar.


TORREVIEJA-


MI VIEJO COCHE.


Cuando en las tardes

largas de invierno,

desapacibles,

me asalta el tedio

tomo mi coche y

me marcho lejos

Me gusta el ronco

silbar del viento

que se tamiza

por el alero

del parabrisas.

Me gusta el recio

y obsesionante

tamborileo

de ventisqueras

y de aguaceros

en su ensamblaje

de azul acero.

Pero me gusta,

más que todo esto,

su manso y mudo

sometimiento

y la indulgencia

de sus silencios,

porque mi coche,

gastado y viejo,

más que mi coche es

mi compañero.



Albacete 2016



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